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Pulp Fiction, 1940 · page 96 of 103

Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 96: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 96: Pulp Fiction, 1940

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

casas mas abajo, observo algunos bultos que se paseaban. Alguien cruz6 a su lado mirandole de través pero Zenker fingid no darse cuenta, y siguid caminando despacio, hasta doblar por una calle transversal, y, ya en ella, apret6 el paso, ansioso de poner mucha tierra por medio. De momento habia burlado la persecuci6én, pero no debia sentirse muy alegre por ello. Adivinaba que el lujo policial se habria desarrollado en gran escala, y que, no tardando mucho, un cord6n sanitario circundaria la poblacién, buscandole. Tenia que darse prisa a salir de Washington antes que el circulo se cerrase. Se encamino directamente a la estaci6n, pero en lugar de buscar el andén se corri6 a lo largo de la via. Ya no debia ser hora de salida de trenes de viajeros, pero, aunque lo fuese, no podia arriesgarse a montar en uno por si estaban ya vigilados. Espero. Varios convoyes de mercancias maniobraban yendo y viniendo; por fin, uno arranc6é, y Zenker corrid a su lado hasta afianzar un pasamano y poder ascender a un vagon cargado de sacos de maiz y avena. Se escondi6é entre ellos y no respiréd a gusto hasta que se vio bordeando el rio, lejos del perimetro de la ciudad. Entonces elev6 el puno amenazandola, al tiempo que rugid, a tono con el sordo traqueteo del tren: —jMe las pagaras, Texas, me las pagaras, tan cierto como iré a parar al Infierno de cabeza! Tt has truncado mis ilusiones de verme convertido en un poder omnipotente al amparo de «Los Hijos del Diablo». Presiento que éstos van a ser aniquilados y que han de tardar mucho en resurgir; pero no sonrias ante ese triunfo. No todas las sectas se han terminado. Al Oeste hay otra tan poderosa que os odia a muerte. En Utah quedan los mormones y al frente de ellos un hombre sagaz y ambicioso que suena con convertirse en un reyezuelo. Yo alimentaré sus suenos y le obligaré a mover a los mormones a mi antojo. No tardando mucho, volveras a tener noticias mias, y esta vez confio en que sean las definitivas para ti. ale ele al Yan CAN a a Al siguiente dia, Harnold se levant6 muy nervioso y malhumorado. Habia pasado una noche molesta, poblada de (a cConniclooolks C@©