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Pulp Fiction, 1940 · page 94 of 103

Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 94: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 94: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

que alguien se acercaba. El revélver fue aprisionado nerviosamente por sus dedos, y espero. La doncella sali6 a recibirle. —La senora no esta —dijo la muchacha al reconocerle. El la empuj6 brutalmente hacia el interior y cerr6 la puerta. — Que no esta? j;Vuélvase de espaldas! La muchacha, aterrorizada al verle exhibir el revélver, obedecio. Zenker la at6 reciamente con el cord6n de un portier, y luego le tapo la boca con un panuelo. Fué una tarea rapida y silenciosa que dur6 tres minutos. Sabia que Belle no poseia mas servidumbre. Ahora quedaba dueno de la casa y veria si le habian dicho la verdad o no. Cautamente al principio y rabiosamente después, se dedicé a registrar todo el piso, sin descubrir a Belle. En efecto, ésta se hallaba ausente; pero como todo se encontraba en orden y no faltaba nada, estaba seguro de que, mas tarde o mas temprano, regresaria, bien ajena a la suerte que le esperaba. Arrastr6 a la asustada doncella a una habitaci6n interior y se dispuso a esperar. El seria quien recibiese a la artista y quien daria fin a sus dias antes de verse obligado a huir vergonzosamente derrotado por su causa. Llevaba un cuarto de hora esperando, cuando el timbre de la entrada vibr6 enérgicamente. Zenker sonrid de modo siniestro, y con el revélver empunado se acercé de puntillas a la puerta, echando una furtiva mirada a través de la mirilla. Pero subitamente perdid el color. En lugar de Belle, ocho robustos policias con los revélveres empufnados esperaban en el pasillo. Zenker comprendi6 que todo habia sido una trampa habilmente preparada para cogerle dentro de aquella ratonera, y un rugido de desesperacion se estrangul6 en su garganta. Rabioso retrocedié, y como un loco se internéd por las habitaciones buscando la forma de escapar. Era dificil, pues la escalera estaba cortada y la calle estaria rodeada de policias; pero tenia que luchar hasta el tltimo limite para defender su vida. Dos de las habitaciones del fondo daban a una pequefa terraza. Zenker se asom6 ansioso y echo un vistazo hacia abajo y a los lados. En la sombra azul de la noche de luna, descubri6o la recta linea de las fachadas de las casas contiguas y el saliente tinglado de hierro cConniclooolks C@©