Pulp Fiction, 1940 · page 93 of 103
Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 93: what you’re looking at
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apoderarse de él y remitirlo rapidamente al despacho de Snock. Como final, inmediatamente que se recuperasen los documentos de manos de Zenker, habia preparado un amplio servicio policiaco y Ordenes redactadas en clave para proceder a la detencidn simultanea de todos los jefes que figurasen en aquellos preciosos papeles. Con ello se daria un golpe de muerte a la secta y se evitaria una reaccién desesperada para salvar a Harnold o vengar su caida. Los alrededores del hotel donde Zenker se hospedaba tenian montada una guardia especial para seguir todos sus movimientos, e igual, se habia hecho cerca del domicilio de Belle. Texas conocia bien a su sanguinario rival, y estaba seguro de que cuando se supiese descubierto y adivinase de qué lado habia partido la traici6n, su temperamento impulsivo le moveria a vengar la derrota en la artista. Montado este artilugio, no quedaba mas que esperar la sesi6n del siguiente dia. Cortada la comunicacion telef6nica con el hotel, Harnold no podria ponerse al habla con Zenker, y asi, ignorante de la tragedia que le amenazaba, iria al siguiente dia al Parlamento, bien ajeno a que solo saldria de él amarrado y entre la policia. Zenker, destilando hiel por todos los poros, dio infinidad de vueltas y apel6 a los mas sutiles trucos para despistar a sus vigilantes, si los tenia a la zaga, con objeto de poder alcanzar la casa de Belle sin ser detenido, y dos horas mas tarde, cansado y rabioso, seguro de que nadie seria capaz de haberle seguido, lleg6 al domicilio de la ex artista. Antes de penetrar en él, recorri6 la calle en diversos sentidos para cerciorarse de que no estaba vigilada. Seria absurdo meterse en una trampa, cuando, al parecer, habia burlado la red en que trataban de aprisionarle. No descubri6é nada, porque no podia descubrirlo. Los, espias estaban escondidos tras las ventanas de las casas fronterizas, ocultos a su vista, y asi la calle no presentaba ningun aspecto sospechoso. Zenker, animado de la mas virulenta rabia de venganza, penetr6é en el edificio y subi6 al piso. No sabia qué iba a suceder alli, pero estaba dispuesto a correr cualquier riesgo con tal de no dejar sin castigo a la traidora. Pulsé el timbre lleno de ansiedad, y unos pasos le anunciaron cConniclooolks C@©