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Pulp Fiction, 1940 · page 77 of 103

Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 77: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 77: Pulp Fiction, 1940

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

registrar la villa. —Llamo a los policias? —No los necesito. Nos bastamos los dos. El teléfono del vestibulo empez6 a vibrar y el portero hizo ademan de acudir a la llamada, pero Harnold le detuvo diciendo: —Yo lo atenderé. Haz lo que te he ordenado. El portero descendi6 a su pabell6n, malhumorado, por las noticias que su senor le daba, y Harnold acudio al teléfono. Texas adivind que era el momento adecuado para iniciar la huida. Si perdia un minuto, le cortarian la retirada libre momentaneamente. Con pesar, abandono la estancia, cruz6 velozmente el pasillo, amparado en el trueno de voz de Harnold que hablaba por teléfono, y descendi6 al piso bajo por la parte contraria. La ventana permanecia entornada y, asomandose a ella, eché un vistazo al jardin. De través, vio al portero salir de su despacho armado de revolver y dirigirse a la puerta principal. De un salto atraveso la parte descubierta, abrid la puertecilla y salid del edificio sin ser descubierto. Malhumorado, se alej6. Adivinaba que habia estado cerca de la clave y el destino se habia burlado de él arrebatandosela. Harnold termino su conferencia telef6nica. Era requerido por un companero de escano, el cual le invitaba a una partida de golf en su finca para dos tardes después. Harnold, preocupado, prometi6é contestarle al dia siguiente, pues tenia que compaginar su trabajo con la diversion. Cuando termin6, atin no habia subido el portero y, Harnold, ansiosamente se dirigid al cuarto de los objetos de_ sport, encendiendo la luz. Una palidez mortal cubri6 su rostro al descubrir que también alli habian andado los duendes. Los trebejos almacenados no guardaban el, orden exquisito en que él los habia colocado, y temblando de panico y de rabia se abalanz6 sobre un precioso bast6én de golf, con puno de asta, y lo movid de un lado a otro hasta desatornillar la empunadura. Fl interior se hallaba hueco, y a la luz lo examin6, respirando con alivio. Alli, escritos en fino papel de seda, estaba toda la cConniclooolks C@©