ComicBooks.com Register / Loginit's free!

Pulp Fiction, 1940 · page 75 of 103

Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 75: what you’re looking at

📖 Open the full issue in the page-flip reader →
Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 75: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

📄 Transcribed text from this page (OCR, searchable)

Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

convencido de que Harnold, que habia blasonado de lo dificil que era encontrar los ansiados documentos, no los guardaria en lugares vistos y nada complicados. Su biblioteca le Ilam6 la atencién. Sabia que los libros solian servir para guardar papeles, disimulandolos entre varias paginas pegadas, entre la encuadernacién, en lugares preparados sabiamente, y, durante una hora, repas6 libro por libro toda la biblioteca, sin descubrir nada sospechoso. La esperanza que habia concebido de que alli pudieran estar, la perdio, y el corazdén le dijo que su arriesgada visita iba a resultar infructuosa. Las mesas fueron registradas atentamente, buscandoles un doble fondo, un cajén secreto, dos tableros que se unen y se disimulan, pero tampoco acusaron nada anormal. Igual sucedi6 con las sillas y el resto de los muebles. El dormitorio sufri6 otro minucioso examen, sin resultado, tanted las barras de la cama buscando alguna hueca que contuviese los papeles anhelados, buscé trampas por los suelos, examino las barras de las cortinas, lugar muy socorrido para la ocultaci6n, movié alfombras, cuadros y objetos y no dejé nada por examinar. Pero las aseveraciones de Harnold eran ciertas. Su ingenio habia ido mas alli del de Texas, y éste, rabioso, se veia burlado en sus deseos. Y, sin embargo, en algun lugar cercano, casi quemandole las manos, estaba aquella preciosa documentaci6n que podia llevar al diputado a la horca y a muchos hombres a presidio, restableciendo la calma y la normalidad en la nacién. Texas se mordia las unas rabioso ante su impotencia y se preguntaba, torturando su imaginacion, dénde podria tener oculto aquel hombre sagaz lo que para él constituia la garantia de su vida. Abandonando las habitaciones mas usadas por Harnold, visit6é otras, tales como el ropero, un cuarto pequeno que el virginiano destinaba a almacenar sus Utiles de caza, pesca y sport. Alli, arrinconados en las paredes y diseminados por todas partes, se veian bastones de polo y de golf, raquetas para la nieve, esquies, canas de pescar, sedales, botas claveteadas, ropa de pleno invierno para la nieve, pero nada factible de esconder lo que buscaba. Ensimismado en su labor, dej6 pasar el tiempo sin darse cuenta, cConniclooolks C@©