Pulp Fiction, 1940 · page 74 of 103
Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 74: what you’re looking at
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Parlamento, podian disponer de libertad desde las cuatro hasta las siete y media, y el resto de la semana era eventual que pudiesen abandonar la villa. El unico que no solia salir, salvo algun dia que gozaba de permiso para resolver asuntos particulares, era el portero. Este poseia un pequeno pabellén en el jardin, colocado de forma que podia abarcar la entrada sin moverse de su sitio. Algunas veces, verificaba una ronda por el jardin y por el piso bajo, pero Nino habia descubierto que era un virtuoso del poker, al que sin gran esfuerzo se le podia enredar en una partida apasionada y clavarle en su pabell6n durante un par de horas. Con estos detalles, Texas decidi6 realizar una visita a la villa el dia que Harnold comi6 con Belle y desde alli se dirigid al Parlamente, y para ello, curs6 un aviso a Nino ordenandole que de cuatro a seis tratase de distraer al portero jugando con él a los naipes, pero, antes, debia dejar la puerta trasera de la villa en condiciones de poder penetrar por ella. Nino cumpli6d lo ordenado, y a las cuatro se encontraba disputando al cancerbero una apasionada partida, en la que parecia dispuesto a jugarse la paga de un ano. El resto de la guardia tenia orden de estar atenta por si surgia algun contratiempo ayudar a Texas, y, asi, a las cuatro, el osado aventurero abria quedamente la puertecilla trasera que sdlo se hallaba entornada, y por una de las ventanas bajas senaladas en el plano, penetraba en el interior de la villa. Los criados se hallaban ausentes y sdlo se encontraba la vieja cocinera, que ocupaba el ala derecha del edificio, donde se habia instalado la cocina y sus dependencias. Texas, sin oposiciOn, se desliz6 en el interior alcanzando el piso principal donde Harnold ocupaba la parte del centro. Alli tenia su dormitorio, el despacho, un pequeno archivo para los papeles relacionados con su cargo, otro despacho pequeno para cuando necesitaba gente que trabajase a sus 6rdenes en la redacci6n de documentos, para tomar notas o preparar informes, y un recibidor, todo ello lujosamente amueblado. Desdenando de momento el resto de la casa, se dedicoé febril pero metédicamente a verificar un minucioso registro en los lugares que menos parecian indicar que pudiese esconderse algo. Estaba cConniclooolks C@©