Pulp Fiction, 1940 · page 70 of 103
Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 70: what you’re looking at
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muchos. El, dandose cuenta de la razén, y en un momento de orgullo repuso: —Fsta bien, incrédula. Como mujer que dice quererme, me infieres un agravio dudando de mis palabras, pero como miembro de nuestra secta, apruebo tu recelo. Mira... —Se sent6 en una silla y se despoj6 de un zapato, entregandoselo—. ¢Qué ves ahi? — pregunto. Ella examino ansiosamente el zapato, palpando el cuero, y lo devolvi6é diciendo: —Nada. —Y, sin embargo, ahi esta la prueba. —No la descubro, Gregory. jNo me atormentes mas! El tomo el zapato, maniobré en el tacdn, y la mitad de éste se corriéd a un lado, dejando descubrir en la otra mitad un pequeno hueco redondo. En el interior habia un disco, parecido al de Belle, pero éste, ademas tenia dibujado dos calaveras y una horca. —Te convences ahora? —pregunto. Ella, radiante, le abraz6 con pasion diciendo: —jAy, Gregory, que peso me quitas de encima y qué feliz me haces con eso!... Tuya es mi vida, querido. El cerr6é el zapato de nuevo, diciendo: —Bien, Belle; me alegro de ello, pero tengo que reprocharte tu imprudencia guardando ese documento tan peligroso, en un bolso tan al alcance de cualquiera. —Tienes razon, pero te diré la causa. Yo tengo un lugar secreto para él, dificil de descubrir, y te lo ensenaré; pero tienen que hacer un arreglo en mi alcoba y temi que pudieran descubrirlo. Por eso lo saqué junto con mis mejores joyas. Estas estan en mi caja del Banco, pero ni alli lo creia seguro. jFué una fatalidad! Le condujo a su alcoba y le mostr6 el lecho bien conocido de él. — Puedes decir dénde guardo mis alhajas? El examin6 todo y contesto: —No. —Pues veras. —La cabecera del bronceado lecho poseia un medall6n esculpido, muy lindo, y de una cuarta en redondo. Por medio de un resorte ingenioso se abria, dejando al descubierto en el interior un hueco almohadillado. cConniclooolks C@©