Pulp Fiction, 1940 · page 60 of 103
Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 60: what you’re looking at
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comprometedor, a menos que yo inicie la conversacion. —Conformes. ;Algo mas? —No; estoy estudiando la manera de poder tender una trampa a Texas, pero no doy con ella. Tendré que forzar mi imaginacion a ver si lo consigo. — Cuando cree usted que podemos reunirnos? —No lo sé; todo depende de lo que se sepa; pero, en caso preciso, yo le avisaré. —,De qué manera? Cuando reciba usted una invitaci6n para algtn acto oficial o artistico, una exposicio6n, una reunién, algo normal, tome la hora de la citaci6n y el dia y acuda aqui. Ese sera el aviso. —Muy ingenioso. Lo tendré presente. —En ese caso, creo que debe usted marcharse. Yo no puedo salir de aqui mientras estén abajo los policias que le escoltan. Podrian sospechar de mi, y entonces todo se habria perdido. —FEs cierto. Bien; voy a decir a Belle que hoy no me puedo quedar. En seguida me voy. Belle, que no habia perdido ni una silaba de la conversacion, comprendi6 que se iban a despedir, y, abandonando rapidamente la estancia, se dirigid a su dormitorio, tumbandose sobre el lecho con un libro al lado. Momentos después, Harnold llamaba a la puerta. —Pasa, querido —dijo Belle—. ¢Ya habéis terminado? —Si, preciosidad. ;Has dormido? —No; me tienes preocupada, Gregory. Temo que puedan repetir ese atentado. —No podran, Belle. Tengo cuatro policias custodiando mi preciosa persona. —Fso ya me tranquiliza. ¢Se ha ido ya la esfinge de tu secretario? —No; no puede hacerlo hasta que yo me marche y se vaya la policia conmigo; por eso me veo precisado a dejarte, para que él pueda salir; pero te prometo venir un rato manana por la manana, antes de ir al Parlamento. ;Quieres darme de comer? —Por qué no, Gregory? Te espero a la una. Hasta las cuatro que empieza la sesi6n, tenemos tiempo de charlar un rato. —Bien, nena; hasta manana. A ver qué eliges para el regalo de cConniclooolks C@©