Pulp Fiction, 1940 · page 61 of 103
Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 61: what you’re looking at
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tu amiguita. —Procuraré quedar a tu altura. El se despidid, desapareciendo. Belle desde el balcén le vio partir en el coche, sonriendo al observar cémo los policias, muy graves, caminaban en un coche tras él. Poco después, Zenker abandonaba el despachito. —Adids, senora; me voy, y muchas gracias. —De nada, senor. Cuide usted bien de la vida de Gregory —dijo graciosamente—. Me interesa tanto como la propia. —Descuide, que su vida es la mia. Adids. Y abandon la casa con la gravedad que se habia impuesto. Cuando le vio cruzar la calzada y estuvo segura de no ser oida por nadie, tomo el teléfono y llam6 al domicilio donde Texas se guarecia. Jim, que tenia noticias de la entrevista de Harnold con Zenker, ardia en impaciencia ante la tardanza en recibir noticias de Belle. No temia una traicién de ella. Estaba seguro de que la tentadora oferta era un talisman para obligarla a secundar sus planes, pero el tiempo corria y no se adelantaba nada en sus planes. Sabia que en cualquier momento podia hacer detener a Zenker, pero era la Unica vez que no le interesaba hacerlo. Le estaba sirviendo de cebo, y con el cebo queria pescar al pez gordo. Cuando recibio la llamada de Belle, pregunt6, nervioso: —¢Buenas noticias? —Malas al menos no son. Si quiere, se las comunico por teléfono, y si no, digame cémo. —Mejor sera que cenemos juntos. A lo mejor, conviene trazar algun plan. Aquella noche cenaron de nuevo en «El Emporium», y Belle le dio cuenta detallada de la conversaci6n que Harnold y Zenker habian sostenido. —jMagnifico! —coment6é—. Algo se adelanta. Creo que tendré que substituir a usted algun dia en ese precioso observatorio. Ella se asust6 al oirle. —Fs muy peligroso —afirmé—. Gregory anda por toda la casa y podria sorprenderle. —Ya arreglariamos eso. De momento, me basta con que usted registre tan bien en su memoria estas entrevistas... ¢D6nde podra cConniclooolks C@©