Pulp Fiction, 1940 · page 50 of 103
Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 50: what you’re looking at
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sé elegir mis caprichos, valorarlos y tasarlos con generosidad. —FEspero que me lo demuestre. —Voy a hacerlo inmediatamente. Usted me habl6 de ese chalet en Florida y de una vida independiente. ;En cuanto tasa usted satisfacer su sueno? Ella, después de meditarlo, repuso: —En medio mill6én de dolares. —No le parece que esa cantidad tan exagerada debe tener una compensaci6én a tono? —Me parece natural. Yo he pedido; usted atin no lo ha hecho. —Bien; si, como le digo, no siento amor por usted ni se lo pido, ni usted se cree en condiciones de darlo, cual es su compensacién? —Una fidelidad absoluta al hombre generoso y saberse dueno, de una mujer que muchos apetecen. —Pero que no cotizan tan alto. —Cierto. Hay hombres de muy mal gusto. —Quiza me tilde usted a mi como uno de ellos, pero voy a confesarle una cosa. Acepto el precio, no lo regateo si usted no regatea la compensaci6n; pero atin he de anadir, para dar mas valor a mi oferta, que nuestra relacién sdlo durara ocho dias. Después, usted, con su medio mill6n en el bolsillo, queda en condiciones de aspirar a completarlo, si hay otro que esté dispuesto a ello. Belle le miré con asombro, y exclam6é: — Ocho dias? —Ni uno mas. Es el tiempo justo que dispongo para llevar a cabo mi mision. Belle se envar6 al oirle, y pregunto: — Qué es lo que pretende usted de mi? —Simplemente, satisfacer sus suenos légicos de mujer que cuida de su vejez, procurandose un rinc6én apacible para ella y procurarle la satisfacci6n de prestar un valioso servicio a la Nacion. —No le entiendo, senor Way —exclam6 Belle, alarmada. Texas, inclinandose hacia ella, y bajando la voz, dijo: —No hace mucho, la oi expresarse de modo exaltado contra esa repugnante secta de «Los Hijos del Diablo». Se jacté usted orgullosamente de ser del Norte y odiar a esos sapos crueles y asesinos. Es eso cierto? —Por qué no va a serlo? Mi padre muri6 en Carolina del Norte cConniclooolks C@©