Pulp Fiction, 1940 · page 38 of 103
Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 38: what you’re looking at
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Esto no era nada dificil. Snock se preocup6 de encargar ropa y de buscar un peluquero de teatros, ducho en «hacer cabezas», y que cambio la de Jim de tal forma, que resultaria dificil reconocerle. Tras estudiar bien el caso, se encontro la formula. Podia tener algun fallo, pero no encontraron otra. Se buscoé en el cuartelillo de policia préximo un individuo de un tipo parecido a Texas, y el mismo peluquero qued6 encargado de «hacerle una cabeza» similar a la que habia hecho a Texas. Se le visti6 con idéntica ropa, y sobre las doce de la manana llegé en un coche abierto ante la Casa Blanca, apeandose tranquilamente y entreteniéndose en dar 6rdenes al cochero, de forma que los espias que pudiese haber cerca se fijasen bien en él. Un cuarto de hora después, Texas, substituyendo a su doble, salia del edificio tranquilamente, montando en el coche y alejandose. Si alguien trat6 de fijarse bien en él, no consiguid descubrir el cambio, y Texas pudo abandonar libremente la Casa Blanca, recobrando la facultad de maniobrar sin llevar enemigos a la espalda, dirigiéndose al lugar de la cita sin que se descubriese el truco. Luego, Snock se habia preocupado de buscarle un alojamiento seguro y bien vigilado, de manera que, al menos durante algun tiempo, perdiesen su pista y le creyesen escondido en su despacho, sin atreverse a salir a la calle. En cuanto a Nino, que estaba desesperado por tener que permanecer encerrado sin actuar, Texas tuvo una idea peligrosa, pero acaso util, que el mejicano acept6 encantado. Disfrazado de policia, y en uni6n de una docena auténtica de ellos, habia sido destacado para formar parte de la patrulla que debia vigilar el domicilio de Harnold. Era una maniobra audaz, pero acaso la mejor, pues nadie sospecharia que el enemigo se habia refugiado en su propia guarida. Texas rid enormemente al ver su obesa humanidad embutida en el flamante uniforme, pero el mejicano estaba imponente con sus vestiduras, y, ademas, era un elemento decisivo si habia que tomar alguna determinaci6on violenta contra el diputado o sus secuaces. Texas, después de darse un paseo en carruaje para hacer tiempo, se detuvo a la puerta de «Soho», donde ya Born, discretamente disfrazado, también le esperaba con impaciencia. Su valioso auxiliar cConniclooolks C@©