Pulp Fiction, 1940 · page 33 of 103
Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 33: what you’re looking at
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y le diré que, como la policia se empena en protegerme impidiéndome tratar mis asuntos de negocios y de representaci6n politica sin su intervencion, le ruego que me ayude a combatir a mis enemigos, permitiendo que nos veamos en su domicilio. Le haré ver que es una cruzada politica para impedir que triunfe y suba en mi carrera, y como los billetes de mil ddlares son su debilidad, si ve que eso puede aumentar sus ingresos se mostrara encantada, deseando que esto dure mucho. Es la tunica soluci6n que se me ocurre. Zenker no mostr6 mucho entusiasmo por la idea, pero, comprendiendo que no habia otra, repuso: —No me gusta ver metidas a las mujeres en estos asuntos tan delicados. Siempre han sido la cuna que ha hecho saltar el bloque; pero si de momento no hay otra solucién, debemos aceptarla. —Belle no se interesa en politica. Sd6lo se interesa en joyas, vestidos y dinero. Por otra parte, no intervendra en nuestras conversaciones y no sabra nada. —Pues bien, dese prisa. Cada minuto que pasa es un peligro para todos. Harnold se apresuro a tomar la pluma, escribiendo una carta que decia: «Querida Belle: »° Le supongo enterada por la prensa del atentado de que fui objeto ayer. CGjente sin honoy ni humanidad pretendid suprimirme por denunciar hechos monstruosos, y has estado a punto de perder a un hombre que te quiere de veras, a posar de que algunas veces hayamos discrepade en asuntos ajenos al cavino. «Pava proteger mi vida, la policia me envia esbivvos hasta dentro del santuario de mi cComiclbookks C@©