Pulp Fiction, 1940 · page 27 of 103
Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 27: what you’re looking at
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de elogiar su conducta. Como colofén, excitaban al Gobierno a terminar de una vez con aquella lacra social. Se mostraban pesimistas en aceptar que las promesas del Gobierno pudiesen ser cumplidas en un plazo tan breve y de una manera tan eficaz y escandalosa como afirmaba. «S6lo hay un hecho cierto —puntualizaba un diario al final de su articulo de fondo—: que un patriota como el senor Harnold se ha rasgado las vestiduras denunciando los manejos de la secta en su propio distrito, donde sus enemigos forman legién, y que esta prueba de civismo le ha podido costar la vida. Esperamos que el Gobierno, dandose cuenta de ello, vele porque el atentado no se repita, ya que a tan nefandos elementos les interesara suprimir al hombre bravo y sin tacha que no ha vacilado en romper lanzas por el bien de la Naci6én». Estos comentarios de prensa eran comentados, a su vez, al siguiente dia en el despacho del Secretario de Estado por éste, Texas y Born. El primero, perplejo, con la frente arrugada y paseando nerviosamente por la amplia sala, murmuraba: —No lo entiendo, Texas. Admito que su pesada broma le obligase a adelantarse dando el golpe efectista de la denuncia, pero lo del atentado es cosa que no me entra en la cabeza, ni admitiéndolo como venganza de sus propios sectarios. — Se ha comprobado, realmente, que el criminal pertenecia a la secta? —pregunto Born. —Sin ningtin género de duda —afirm6 Snock—, es un auténtico «Hijo del Diablo». Texas, que habia permanecido en silencio entregado a hondas cavilaciones, intervino para decir: —Encuentro todo tan perfecto, tan ligado, tan rapido y tan sin fallos, que me siento inclinado a creer, mas que en un drama real, en una comedia. — Qué quieres decir, Jim? —Muchas cosas. Toma tu reloj y mide. Harnold pronunci6é su discurso a las cinco y termino a las cinco y media. La resena de la sesiOn no sali6é a la calle hasta después de las siete, en la edicién de la noche de los diarios. A las seis y diez, se levantaba la sesion, y a las seis y media se atentaba contra la vida de ese sapo. :TU crees que en una hora pudo salir la noticia del Parlamento, correr por la cConniclooolks C@©