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Pulp Fiction, 1940 · page 21 of 103

Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 21: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 21: Pulp Fiction, 1940

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concretos. Quiza no tardando mucho, vuelva a esta Camara a realizar revelaciones sensacionales, que asombraran a todos... e incluso al senor Harnold. — En qué sentido? —pregunt6, inquieto, el diputado. —Fso lo vera su senoria ese dia, si esta presente en la Camara... Harnold empezaba a desconcertarse. El ministro hablaba con ironia y seguridad. Sus palabras parecian flechas sutiles lanzadas contra él. Las captaba clavandosele insensiblemente en el pecho y lleg6 un instante en que crey6 adivinar que los diputados se estaban dando cuenta de ello. Furioso, grit6: —Descubro mucha ironia en las palabras del senor Ministro. No le falta mas que acusarme de pertenecer a esa organizaci6n por haber tenido el valor de sacar a relucir aqui hechos que el Gobierno hubiese traido o no hubiese traido sin mi denuncia. El ministro, sin perder la calma, repuso: —Yo no puedo acusar a nadie sin pruebas. Precisamente porque no las traigo, me he callado. En cuanto a traer el asunto a la Camara, puede estar seguro de que hubiese venido de _ todas maneras. Es algo que no puede escamotearse al conocimiento de los senores diputados. —(Puede decirme el senor Ministro cuando piensa hablar aqui de nuevo de ese asunto? —No. Puede ser dentro de una semana o puede ser manana. Eso solo nos compete a nosotros. Hubo murmullos contradictorios en el sal6n. Unos aprobaban la actitud del Gobierno, otros la repudiaban, pero el ministro, sin inmutarse, reclam6 un momento de silencio y por fin, después de consultar con sus companeros, exclam6: —Sefnores diputados: Yo pido un voto de confianza por una semana, como maximo, para volver a traer aqui este asunto y, a cambio, les prometo que habra revelaciones tan sensacionales que todos... empezando por el senor Harnold, si puede estar presente ese dia, se quedaran asombrados. La Camara, ante semejantes promesas, acord6 el voto de confianza pedido y el Presidente trat6 de reanudar el debate sobre el asunto de los fondos, pero ni la Camara estaba para ocuparse de tal asunto, ni Harnold tampoco. La Ultima afirmacion le habia desconcertado y se preguntaba, inquieto, qué triunfos tendria cConniclooolks C@©