Pulp Fiction, 1940 · page 19 of 103
Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 19: what you’re looking at
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discutir con los bancos minucias que para nada ponen en peligro la paz del pais y la vida de los ciudadanos, no ha llegado la hora de que demuestre su energia mejor aplicada, deshaciendo esa horrible secta y colgando de un buen cordel a sus dirigentes. «Es inicuo que esto venga sucediendo a ciencia y paciencia de los gobernantes. Ellos tienen en su mano todos los resortes para acabar con el mal; si se consideran impotentes, que dimitan y nos dejen paso a los que nos consideramos mas fuertes y mejor dispuestos para dar fin a una lacra tan horrible para el pais como esa. Una cerrada ovacién acogié las palabras de Harnold. Este, rojo como la grana, se paso el panuelo por la frente para limpiar el sudor que le habia producido pronunciar tan acervas palabras y luego, paseéd su mirada imprecisa en derredor, como desafiando al Gobierno y a quienes habian estimado facil poderle vencer. Alli quedaba su denuncia fuerte, viril, oportunisima. Después, se veria si el Gobierno se sentia con fuerzas para detenerle y acusarle a él que habia sido quien acababa de lanzar la denuncia. El sal6n se convirtid en un herradero. Todos los diputados, puestos en pie, increpaban al Gobierno y lanzaban atroces anatemas contra la secta. Snock, palido como un cadaver, tenia los ojos fijos en Harnold, sin acertar a aquilatar su cinismo, y Texas, que habia dado un respingo al oirle hablar, murmur6 admirado: —jPeste! Crei que le iba a desconcertar y le he puesto en la mano un poker de ases. Tendré que hacerle tragarse la jugada o nos podra a todos. Born, asombrado, pregunto: —i Qué ha sucedido, Texas? —Que he medido mal la fortaleza de ese tipo. Le he enviado una nota acusandole de pertenecer a la secta y amenazandole con detenerle a la salida y vea el resultado... Es un enemigo de los que a mi me gustan..., pero cuando los veo estirando cuerda con el cuello. Por fin, los animos se fueron apaciguando y uno de los ministros, levantandose, exclamo: —Sefnores, un poco de calma. El Gobierno esta dispuesto a aceptar todos los debates que se le planteen sobre este gravisimo asunto, pero en su momento. No censuramos al senor Harnold la prisa que le ha corrido apuntarse ese éxito de_ galeria interrumpiendo su discurso para denunciar el hecho. Quiero decirle cConniclooolks C@©