ComicBooks.com Register / Loginit's free!

Pulp Fiction, 1940 · page 18 of 103

Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 18: what you’re looking at

📖 Open the full issue in the page-flip reader →
Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 18: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

📄 Transcribed text from this page (OCR, searchable)

Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

escribiendo una nota en un papel, sali6 al pasillo y dijo al ujier: —Haga el favor de llevar esa nota al pupitre del senor Harnold. Es un dato urgente que necesita. Se volvid a su asiento sonriendo maliciosamente y Ileno de curiosidad, esperé el efecto demoledor de su nota. Era un aviso advirtiéndole que estaba acusado de pertenecer a la secta del Ku- Klux-Klan y que a la salida del Parlamento seria detenido. Texas vio como el ujier, discretamente, le entregaba el papel. Harnold lo tomé6, dejandole sobre el pupitre y termin6 un ampuloso hemistiquio de su perorata, interrumpiéndose para recibir el homenaje fervoroso de los que le animaban a seguir su diatriba. Aprovecho la interrupcién de la ovacién para echar una ojeada al papel. Texas observ6 que se quedaba rigido, estrujando el papel con ira y que luego de ponerse palido, volvia a adquirir su aspecto rojizo habitual, pero mucho mas subido, hasta que al terminar la ovaciOn y volver el silencio, hubo un momento de expectaci6én al observar que no seguia su discurso y que parecia entregado a una honda meditacion. Por fin, paseo su vista por el salén y, rehaciéndose, exclam6o con voz un poco turbada: —Senores diputados, perdénenme si me permito cortar por un momento mi pobre discurso sobre este tema, para dar a la Camara una noticia gravisima que acaban de transmitirme por conducto fidedigno. Con ser grave este asunto de la retirada de fondos, considero mas grave lo que voy a decir y ruego a todos que me disculpen si lo planteo fuera de lugar y de manera tan brusca, pero es preciso. Seguin me comunican, en Virginia, estado que represento en esta Camara y por cuyo prestigio estoy obligado a velar, acaba de suceder algo insdlito, de lo que me avergiienzo por ser virginiano, pero de lo que no soy responsable. Seguin mis informes, los elementos de esa secta repugnante y vil titulada el «Ku-Klux- Klan», acaban de cometer media docena de crimenes repugnantes en Portsmonth. El juez, el sheriff, y tres prestigiosos industriales de la localidad, todos personas dignas, sin tacha, han aparecido ahorcadas con el signo de la secta colgado del pecho como un reto. »Esto es inicuo, suceda en Virginia o suceda donde suceda. Como americano, tengo que avergonzarme de ello y preguntar al Gobierno si no es hora de que en lugar de perder el tiempo en cConniclooolks C@©