Pulp Fiction, 1940 · page 101 of 103
Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 101: what you’re looking at
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procedimientos, habian descubierto a su auxiliar, arrebatandole el maldito bast6n. Alguien rid ante la prueba, pero el ministro, imponiendo silencio, grit6: —No se ria el senor diputado. Estan aqui dentro, como voy a demostrar. Este bastén pertenece al senor Harnold, y dentro de él esta toda la documentaci6n secreta que ha_ servido para desenmascarar a los dirigentes de la secta, entre ellos al propio jefe. Los senores diputados pueden leer las listas de jefes, los planes, las Ordenes secretas y muchos detalles mas. —jFalso! —grit6 Harnold, préximo a sufrir una congestién—. jEso es inventado! —,Asi lo cree su senoria? —Demuéstreseme que es auténtico. Cualquiera puede falsificar papeles para perder a un hombre honrado. —En ese caso, ofreceré una prueba mas definitiva a la Camara. Que despojen al senor Harnold de su zapato derecho, que levanten la tapa del tac6én y encontraran dentro de un hueco muy habil su contrasena de gran jefe de la secta. No ira a decir el senor Harnold que nosotros la hemos introducido en una prenda tan personal. Harnold lanz6 un rugido de desesperaci6n, y de un salto fantastico pretendio abandonar el salén para huir. Rapidamente, una docena de forzudos policias que estaban colocados en lugares estratégicos para impedirlo, saltaron sobre él, entablandose una lucha feroz. Harnold era un hombre fuerte, cuyas fuerzas centuplicaba la desesperacion, y su defensa era tragica. En un momento que pudo librarse del terrible abrazo de los agentes sacd un revolver y pretendi6 aplicarselo a la cabeza, pero fue desarmado antes de conseguirlo, y, por fin, tras titanica lucha, reducido a la impotencia. También los dos diputados acusados habian sido apresados por sus propios companeros. Los acusados mas débiles no tuvieron fuerzas para negar la acusacion. Los detenidos fueron sacados del sal6n protegidos por la policia, pues los querian linchar alli mismo, y cuando se restablecid la calma una ovacion delirante premio el trabajo del Gobierno. El ministro, reclamando silencio, dijo, emocionado: —Mucho agradecemos tales manifestaciones de agasajo, pero cConniclooolks C@©