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Pulp Fiction, 1940 · page 102 of 103

Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 102: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Lo que no pueden las armas — page 102: Pulp Fiction, 1940

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queremos advertir que el milagro no es nuestro. Todo se lo debemos a un hombre bravo entre los bravos, sagaz, astuto, dinamico y arrojado, y a sus auxiliares. Ese hombre, de todos, conocido, que ya ha prestado valiosos servicios a la Naci6én, es el capitan Jim Texas, que se esconde modestamente en la tribuna. Todos se volvieron hacia la tribuna, ovacionando a Texas, que pretendia evadirse de aquel homenaje. Pronto el publico reaccion6, arrojandose sobre él sacandole en hombros a la calla, donde la policia daba cargas para despejar la avenida, a la que el publico afluia cada vez mas compacto, atraido por la noticia. Protegidos por la policia, hubo que refugiarlos en la Casa Blanca, donde, por fin, se vieron libres de la efusividad de la gente. El Gobierno en pleno felicitaba a los héroes de la jornada, y Texas, melancolico, coment6: —Lo que siento es que se nos ha escurrido de las manos un cerebro prodigioso para el mal. Oliverio Zenker esta libre, y mientras él esté en libertad, la traici6n, el dolor y el expolio echaran nuevas raices. —Le buscaremos por toda América —dijo Snock. —Y no le encontraremos hasta que surja algo terrible y espectacular, digno de su genio. Es el propio Lucifer en persona. Al siguiente dia, Texas se dispuso a regresar al rancho. Un telegrama le advertia que Stella se hallaba proéxima a ser madre, y ardia en deseos de llegar a tiempo. Dirigiéndose a Born, dijo: —Véngase conmigo, Born. Bien se ha ganado usted un descanso. Alli estara bien, y... quién sabe si atin tendremos que trabajar juntos. Me da el corazon que esto no ha concluido atin. —Gracias, Texas. Le acompanaré. Me agradara ser padrino de un nuevo Jim Texas. —Pues, adelante. Queda aceptado el ofrecimiento. cConniclooolks C@©