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Pulp Fiction, 1940 · page 81 of 92

Aventuras de Jim Texas: Duelo a Muerte — page 81: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Duelo a Muerte — page 81: Pulp Fiction, 1940

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

otro gritd: —No seas bestia, ti, soy de los vuestros. Vamos, por aqui. Han forzado la defensa que conduce a lo alto de la presa y se estan filtrando por ella. Tenemos que entretener a los guardianes que atin quedan. Media docena de heroicos guardianes mal protegidos por los salientes de cemento, se defendian con tesdn. Hombres duros, tasaban su vida a alto precio y sus revdlveres tronaban con furia contra la avalancha que les cercaba, ahogandoles. Texas abarco el campo de lucha y de subito grit6: —jAdelante, Nino!... ;j Viva Tejas! El gigante mejicano, que ardia por darle gusto al dedo, hizo ladrar sus imponentes "Colts". Cuatro de los forajidos mas cercanos mordieron el polvo, heridos por la espalda antes de tener tiempo a darse cuenta del peligro y otros dos, al volver el rostro hacia él cayeron abatidos de modo fulminante, mientras Texas, desde el otro lado atacaba al resto, sembrando también la muerte y el espanto en sus filas. Hubo un momento de angustioso panico entre los forajidos. Mas de la mitad se revolcaban en sangre y el resto no veia la forma de eludir aquel ataque inesperado, pues le tenian cortada la retirada. Se volvieron haciendo fuego. Nino sintid un raspazo en un hombro y lanzando maldiciones en su lengua natal, salt6 como un tigre sobre un grupo de tres que se hallaba al borde de la presa y con sus manazas de oso, les impuls6é en el vacio, haciéndoles saltar desde una altura de varios metros. El resto, aterrado, huy6 a lo largo del parapeto dando la voz de alarma a los que ya se habian filtrado hacia el centro de la presa y se dedicaban a colocar las mechas junto a la carga, pero Jim se lanz6 tras ellos, en tanto que los heroicos guardianes al verse tan inopinadamente auxiliados, corrian en pos de la pareja disparando rabiosamente. Alguien habia encendido dos mechas dejandolas colgar fuera del parapeto para que no pudiesen ser alcanzadas y a todo correr, tratando de hurtar el cuerpo a las balas, huian hacia el otro lado, seguros de que ya nadie podria evitar la voladura. Texas, dandose cuenta del terrible peligro, rugio: —Nino, a mi. Ustedes, guarden la entrada para evitar que lleguen refuerzos. Los guardianes, tumbados sobre la rampa, disparaban para evitar el avance de los que trataban de llegar hasta el centro y Texas dirigiéndose al mejicano, ordend: —Nino, rapido, tomame de los pies y sacame al vacio. Tengo que alcanzar esas malditas mechas. cConniclooolks C@©