Pulp Fiction, 1940 · page 82 of 92
Aventuras de Jim Texas: Duelo a Muerte — page 82: what you’re looking at
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El mejicano no se dio a pensar en el peligro que corria, sino que tornando a Texas como un muneco por los pies, se asomo al reborde, se tumbo sobre él y con sus poderosos brazos sacé fuera boca abajo el cuerpo de Jim, quien quedo pendiente del abismo rozando el murallon. Por fin, a costa de grandes esfuerzos y poniendo a prueba los musculos y la terrible fuerza de Nino, consigui6 arrancar las mechas cuando ya ascendian rapidas hacia las cargas y arrojarlas al fondo. Nino, que sudaba como un condenado y estaba rojo por el esfuerzo, le elev6 dejandole sobre el cemento el tiempo que murmuraba: —Bueno, manito, creo yo que estas muy gordo para estas fiestas, jrepinto! Me parece que me has hecho crecer los brazos dos yardas o asi. Las balas de los que intentaban forzar el paso silbaban siniestramente y Texas, ansiando acabar con aquella jauria, rugio: —jA mi los valientes! ;Adelante! jViva Tejas! Como un ledén se lanz6 al encuentro del resto de la partida secundado por Nico y los vigilantes, que electrizados por su ejemplo, se habian crecido en valor y poco después, la rampa presentaba un aspecto impresionante. Mas de una docena de pistoleros yacian sobre el cemento en medio de charcos de sangre, mientras los pocos supervivientes huian alocados ante aquel par de colosos que eran como dos terribles canones vomitando metralla y muerte. Un cuarto de hora mas tarde, la lucha habia dado fin. De los veinte vigilantes que tenia la presa, seis habian muerto y ocho estaban heridos, pero mas de veinte cadaveres de _ pistoleros ensangrentaban el terreno y algunos de los que habian conseguido huir a buscar refugio en los montes lejanos, iban muy mal heridos. El fragor de la lucha habia llegado hasta el poblado, del que habian partido algunos voluntarios, temerosos de lo que estaba sucediendo, pero cuando llegaron ya su ayuda fisica no era necesaria. Rapidamente se formaron grupos dispuestos a dar una batida en busca de los fugitivos, mientras otros se dedicaban a cuidar a los heridos, algunos en grave estado. Los elogios a Texas y Nino eran estruendosos. Los vigilantes habian corrido la voz de su magnifica ayuda y todos acudian a felicitarles. Pero Texas que sentia una preocupaci6én mas honda que la de recibir felicitaciones, orden6o: —Sigueme, Nino. Tenemos que alcanzar a esos dos rufianes antes de que tiendan el vuelo. Esta canallada la han de Pagar con, su C©