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Pulp Fiction, 1940 · page 79 of 92

Aventuras de Jim Texas: Duelo a Muerte — page 79: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Duelo a Muerte — page 79: Pulp Fiction, 1940

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

blanco, un diluvio de balas les acogi6 fieramente y dos cayeron a tierra y el otro, despavorido, corrid al interior de la canada perseguido por el certero revélver de Nico, hasta que cay6é abatido como sus companeros. Texas y Nino con las armas empunadas, avanzaron hacia los caidos. Algunos habian recibido los tiros tan certeramente, que aparecian inmoviles y rigidos, otros se debatian en espasmos agOnicos. Texas y Nico no eran hombres de los que desaprovechaban el plomo. El jefe de los forajidos, con una enorme roseta de sangre en el pecho, pugnaba por incorporarse y disparar. Se sabia préximo a morir y se resistia a irse del mundo sin vengar su muerte. Texas se acerco a él y aplicandole el revélver a la cabeza, rugi6: —jTraidor indecente! ¢Creias tan facil deshacerte de nosotros? Habla y dime quién te ha ordenado intentar esto o por Judas que te levanto la tapa de los sesos. Un instinto de vivir se apoder6 del indeseable, el cual, con voz silbante murmuré: —Fué... el... el jefe... le dije que Lanley os... habia mandado... y al pedir vuestras senas... os reconocio. — Donde esta ese sapo? —Vendra... luego... no sé... quiza vaya a... la presa... — i Qué va a pasar alli? —La... volaran... con dinamita... dentro de un rato... Texas echo un vistazo a los caidos. Sélo dos alentaban. Se volvié friamente a Nino, diciendo: —Cuidate de ellos. —Cdémo no, manito? jAhora mismo! Pero, si yo soy una hermanita de la caridad de carinoso... ;Ahora veras! Y friamente, aplicé el revélver a la cabeza de los dos que atin respiraban y apag6 sus estertores para siempre. —jA toda prisa, Nino! Tenemos que llegar a la presa antes de que esos salvajes consigan su proposito de volarla. Y a todo galope abandonaron la canada para dirigirse al lugar donde se realizaban las obras. Habria transcurrido un cuarto de hora de su salida, cuando un jinete se adentré por los farallones con precauci6n y empunando una pistola. Era Zenker que acudia en busca de sus hombres, seguro de que éstos habrian conseguido deshacerse de sus temibles enemigos, pero cuando alcanzé la entrada de la canada y descubrié los cadaveres de los forajidos cara a la luna que acababa de salir, el cabello se le eriz6, perdid el control de sus nervios y lanzando una horrible maldici6n abandonéo a todo galope la canada, rugiendo; . aicooelke C@©