Pulp Fiction, 1940 · page 78 of 92
Aventuras de Jim Texas: Duelo a Muerte — page 78: what you’re looking at
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—Si; Mendoza. El otro se llama Bob. Zenker, acometido de una terrible duda, ordeno: —Describame ese par de tipos. El forajido obedecié y al terminar, Bunker se habia quedado densamente palido. —FEscuche —dijo—. Vuelva inmediatamente a la canada, mande una docena de hombres a la presa para que empiecen el trabajo y sin contemplacién, sin prevenirles, sin que se den cuenta de ello, con media docena de los suyos, acribilleme a tiros a esa pareja. Son dos espias que perdimos de vista y vienen a hacer fracasar todo. Lanley no ha vuelto, porque se lo han cargado y lo mismo, haran con todos vosotros. Corre y obedece que yo iré detras. Fl bandido, furioso, retornéd a la canada y dominando sus nervios, se dirigid a una docena de los suyos y les dio instrucciones. Los forajidos abandonaron la canada y en ella quedaron Unicamente siete, con Texas y Nino. Este observ6 cémo el bandido llamaba aparte a sus compafieros uno por uno y les hablaba en voz baja. La sorpresa de los llamados fue tan grande, que no pudieron evitar volver la vista y mirar con insistencia a la pareja. Texas, suspicaz, se dio cuenta y dijo al oido de Nino: —Preparate, sospecho que o nos han descubierto o recelan algo. Si se acercan en masa, no les pierdas de vista las manos y dispara a los de tu derecha, yo lo haré contra los de mi izquierda. —Bueno va, manito. Me temo que nos vamos a divertir grandemente. Seria cosa linda de verdad merendarnos unos cuantos tipos de estos. Fingiendo aburrimiento, siguieron los movimientos de los siete indeseables, los cuales, después de su consulta, se alejaron en diversos sentidos, pero poco después, paseando, parecieron coincidir en un mismo punto para situarse en semicirculo frente a la pareja. Jim tensiono los nervios y susurr6: —jCuidado, Nino! No habia terminado la advertencia, cuando en un movimiento mecanico y al unisono, los siete llevaron con rapidez la mano a la cadera, pero cuatro no pudieron separarlas de ella. Los revélveres de Texas y Nino, mas veloces que los suyos, ladraron mortalmente y cuatro de los forajidos se doblaron hacia adelante como espigas, al sentir la mordedura del plomo en sus entranas. Al tiempo, los dos aventureros se arrojaron a tierra y algunos proyectiles disparados por los otros tres, se clavaron en los cantiles justamente donde segundos antes tenian apoyadas las cabezas, mas, cuando con asombro quisieron observar que no habi n,. hecho C©