Pulp Fiction, 1940 · page 61 of 92
Aventuras de Jim Texas: Duelo a Muerte — page 61: what you’re looking at
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audaz secretario, aguard6 consumido por la impaciencia. El paso desesperado que habia dado era terrible. Se exponia a que fracasara y a ser perseguido o a que interviniese el sheriff y estaba deseando que aquel monstruo diese fin a su trabajo para entregarle el dinero, desligarse de él y cruzar el rio, evadiendo toda responsabilidad. Larry, con sus enormes revélveres empunados, y seguido de cinco de sus hombres, se acercéd a la posada y penetrando sigilosamente, sorprendieron al dueno, que estaba terminando de recoger el servicio del bar. Larry le encanon6 diciendo: —Vuélvete mudo, amiguito, si no quieres que te corte el resuello para siempre. ¢D6nde duerme un mejicano, otro que le acompana y una muchacha, que han Ilegado hace poco mas de una hora? El posadero, temblando, murmur6: —En el piso de arriba, habitaciones numero nueve y diez. "El Oso" se dirigid resueltamente a la escalera, seguido de sus secuaces y alcanzando el pasillo, buscaron las habitaciones indicadas. Se detuvieron ante la numero nueve, y tras una breve vacilacion; Larry murmur6, dirigiéndose a unos de sus hombres: —Aytidame a echar ese tablén abajo. ;j Vamos! Tomaron impulso y, lanzados al unisono contra la débil puerta, dejaron caer sobre ella su recia humanidad volando la puerta en astillas, al tiempo que un horrisono estruendo de objetos de metal rodando por el pavimento, se unian al crujido de las astillas. Pero cuando ambos _ forajidos trataban de_ lanzarse impetuosamente al interior, varias detonaciones vibraron casi al unisono y "El Oso" y su companero, llevandose la mano al vientre, lanzaron un terrible rugido de dolor y cayeron sobre el piso del pasillo, revolcandose en un charco de sangre. Sus tres companeros, rabiosos, saltaron tratando de acudir en su auxilio, pero un huracan de plomo barri6 el pasillo y dos de ellos cayeron a tierra mal heridos, en tanto que el tercero, que habia escapado indemne por milagro, huia pasillo adelante buscando la escalera para escapar a una muerte cierta. El golpe se habia malogrado debido a las precauciones tomadas por Jim. Este, escamado de todo, no dejaba nada al albur y, asi, cuando decidi6 dormir algunas horas hasta el momento de cruzar el rio, dej6 preparada la puerta de forma que al menor intento de forzarla, algo le avisase del peligro que corria. Sobre el respaldo de una silla, colocada en posici6n inestable junto a la hoja de la puerta, colocé de canto la jofaina de metal. De esta forma, apenas se moviese la puerta, el adminiculo caeria al suelo con estrépito, provocando la alarma. cConniclooolks C@©