Pulp Fiction, 1940 · page 60 of 92
Aventuras de Jim Texas: Duelo a Muerte — page 60: what you’re looking at
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"El Oso" hizo un gesto agrio: — Por qué la muchacha? —Por soplona. Se fue de la lengua, frustr6 un negocio que cost6 siete vidas. —jAh, ya! De todas formas... eso vale mil mas. —Es mucho. Me he excedido. —No, tt eres un zorro. Cuando das eso, es porque vas a ganar mas. Anade otros mil. —De acuerdo, pero, bien entendido que los tres mil de ahora es por intentar el asunto y los otros cuatro mil por consumarlo. —De eso no te preocupes. ;Dénde esta "la carne"? —En una posada a la que os llevaré. —De acuerdo. Vamos andando. Abandonaron la taberna y enfocaron la calle principal. Zenker detuvo a Larry, diciendo: —Espera un momento, voy en busca del dinero. Rapidamente se present6 en las habitaciones de Spack y su hija, advirtiendo: —Escuchen, yo también soy precavido. Voy a intentar un golpe decisivo que espero salga bien, pero nadie sabe lo que puede suceder. Cuando yo salga, cojan el equipaje y marchen a la orilla del rio, mas alla del puente hundido. Alli encontraran barcas amarradas de las que por la noche no se ocupa nadie. Esperen alli y si hubiese conato de peligro, me uniria a ustedes y cruzariamos el rio. No quiso escuchar a Spack, que pedia detalles y_ salid rapidamente, uniéndose al pistolero. Le entreg6 los tres mil ddélares y les llev6 a la posada, diciendo: —Ahi se hospedan, ignoro el departamento; averiguarlo. Son tres viajeros que han llegado hace un rato, un mejicano, la chica y un tejano. Vosotros os las arreglaréis para que os indiquen la habitaci6on. Larry se guard6 el dinero y exclaméo: —Bueno, amigo, pero como yo no me fio de palabras, te voy a dejar por aqui en unién de uno de mis hombres para asegurarme el pago de los otros cuatro mil cuando el negocio esté ultimado, no sea que te largues y nos dejes burlados. Zenker protest6 pero “El Oso” no quiso hacerle caso y le dejé con uno de sus pistoleros, diciendo: —Bueno, Peter, tu te encargas de guardarle hasta que nosotros volvamos. Sera cuesti6n de pocos minutos. —Descuida, que esta en buenas manos —repuso el forajido. Se separé de la posada, tomando posiciones en un esquinazo, desde el que podian abarcar el pequeno edificio de mader yall el C@©