ComicBooks.com Register / Loginit's free!

Pulp Fiction, 1940 · page 44 of 92

Aventuras de Jim Texas: Duelo a Muerte — page 44: what you’re looking at

📖 Open the full issue in the page-flip reader →
Aventuras de Jim Texas: Duelo a Muerte — page 44: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

📄 Transcribed text from this page (OCR, searchable)

Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

sobrevivido a la tragica pelea y uno de ellos iba alcanzado en un brazo. Nino, gozoso, descendié al estribo y les despidio a tiros, consiguiendo alcanzar al mas rezagado, que tras unas piruetas tragicas sobre el duro terreno, termin6 por quedar inmovil sobre él, mientras los otros dos conseguian ponerse a distancia de sus temibles armas. —Bueno, manito—dijo Nino, sonriendo—, me han tocado cuatro. Si quieres, voy en busca de otro y te lo traigo de las orejas para que le hagas comerse el canon de tu "Colt" o asi. —Déjalos. Ya llevan lo suyo. Que siempre nos salgan igual las cosas. — Cémo no? ¢O acaso es que valemos menos cada uno que una docena de chacales sarnosos? Los revdlveres habian callado y los aterrados_ viajeros empezaban a afluir a aquel lado del convoy, quedando aterrados del aspecto que presentaba. Varias senoras se desmayaron al descubrir los cadaveres de los pistoleros y Nino, tomandolos como plumas entre sus brazos, los arroj6 al camino, diciendo: —jBueno va, repinto! La cosa no es para tanto. Esta carrona no merece tanto aspaviento. Los viajeros rodearon a Jim haciéndole infinidad de preguntas y Texas, que no estaba dispuesto a descubrir a nadie sus planes, exclamo: —Sefnores, serénense y vuelvan a sus departamentos, pues todo pas6é ya. Una partida de pistoleros trat6 de asaltar el tren para desvalijarle, tuvo la desgracia de empezar por nuestro vagoén y aqui se termin6 la fiesta. —jOh, si, y qué fiesta! —exclamé Nino—. jLo que me he divertido hoy, maniato! Nadie comprendia cémo se podia divertir aquel gigante matando hombres, pero mas tranquilos obedecieron y se fueron retirando. El jefe del tren, nervioso, pregunto: —Caballero, gcree usted que podemos seguir? Llevamos un cuarto de hora de retraso y nos exponemos a un accidente. —Por mi pueden correr a cien millas por hora. Esto se ha terminado. El tren reanud6o la marcha dejando atras los cadaveres de los asaltantes y Jim, inquieto, pregunto: —(Has visto por ahi a Spack y compania? —No, manito y me estoy temiendo que estén pringados de miedo en sus literas... Cien pesos contra un centavo me apuesto a que hay que lavarles a todos para conocerles cuando nos vean. —Pues vamos a hacerles una visita. Les alegrara mucho, vernos C@©