Pulp Fiction, 1940 · page 43 of 92
Aventuras de Jim Texas: Duelo a Muerte — page 43: what you’re looking at
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fracasado rotundamente. Cuando los primeros pistoleros avanzando silenciosamente por el pasillo llegaron al departamento de Jim y trataron de forzar la entrada, una lluvia de balar atraves6 la fragil madera y los dos mas osados cayeron en el pasillo, cosidos a tiros. Los que les seguian retrocedieron apostandose a la entrada del pasillo sin poder avanzar. Para llegar al departamento, habia que exponerse a pecho descubierto y con aquella clase de enemigos era suicida hacerlo asi. Alguien pens6 en alcanzar las ventanillas fronterizas disparando desde ellas. También era arriesgado, pero mas factible de éxito. Nino, audaz, pretendia abandonar el departamento y salir al pasillo a perseguir a los pistoleros, pero Jim, prudente, le contuvo diciendo: —No seas acémila, Nino. Deja que sean ellos los que se jueguen la piel. —Bueno va, manito, pero esto es muy aburrido. No me gusta esperar al que me ataca... jNo me divierto, repinto! —FEspera un poco, que tiempo habra para todo. De stbito, el cristal de la ventanilla del pasillo, fronteriza a su departamento salt6 en fragmentos y una hala paso silbando por encima de sus cabezas. Jim, rapido como un relampago, disparé y una cabeza que se habia asomado fugazmente para comprobar el disparo, desapareci6 para siempre. Mas tarde, el fino oido de Texas capt6 un roce en el pasillo y sospeché lo que sucedia. Alguien se arrastraba como un reptil por el piso tratando de hurtar el cuerpo a las balas y alcanzar la puerta. Se tumb6 en el suelo sac6 rapidamente el brazo y dispar6 al albur, pero siempre buscando la linea baja. Un rugido de agonia le advirtid6 que habia acertado y varios disparos vibraron rabiosos desde el lado contrario. —Creo que van cuatro, Nino —dijo Texas —jRepinto! Si van cuatro y de ellos tres a tu cargo, maniato... eso no es leal... Me tocan otros tres o asi. Y antes de que Texas pudiera impedirlo, salt6 como un oso al pasillo y sus pesados revélveres dispararon con celeridad pasmosa contra la entrada donde se hallaban apostados el resto de los pistoleros. La audaz accién del mejicano les cogi6 desprevenidos y cuando intentaron replicar, ya dos habian caido al suelo y uno retrocedia lanzando aullidos de dolor. Nino, como una fiera, sin temor al peligro, siguid disparando y avanzando por el pasillo, seguido de Texas que no queria dejarle solo en aquel momento tan peligroso y los pistoleros dandose cuenta del fracaso, se apresuraron a arrojarse del tren, corriendo a campo traviesa. Solamente. otres.,habian C@©