Pulp Fiction, 1940 · page 41 of 92
Aventuras de Jim Texas: Duelo a Muerte — page 41: what you’re looking at
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miedo ni nerviosismo, pregunt6: —, Qué piensas, papa? —Ya te lo diré. No es el momento. Podian suceder dos cosas. Tener motivos para una acusacion legal contra eses tipo de Texas O... Sonrio siniestramente y se call6. Vera, a pesar de su dominio de nervios, sintiéd un escalofrio de panico. Zenker, que se habia asomado al cristal de la litera, advirti6: —jAtencién! Ahi veo a nuestra gente. Son doce. Espero que entre tantos, alguno logre su objeto. En silencio asistieron a la maniobra de asaltar el convoy y cuando todos habian conseguido alcanzarle, Zenker abrid suavemente la puerta de su departamento y llam6 al mas cercano. Este se corrié por el estribo acercandose a él. —Bien, muchachos —dijo el secretario—. Aqui hay un cheque por dos mil d6élares contra el Banco de Austin. El vagon en el que tenéis que operar, es el tercero a tu derecha. Os advierto que son dos que valen por diez. Si no aprovechais la sorpresa, muchos podéis consideraros muertos. —FEso ya lo veremos. Espero que cuando quieran disparar, estén preparando sus armas en el infierno. Bunker cerr6é la portezuela y preparando su revodlver se qued6é tenso. Sus companeros sentian la misma incertidumbre que él y esperaban con ansia el instante de que vibrasen los primeros disparos. Se pasaron cinco minutos que les parecieron cinco horas, hasta que subitamente, el silencio de la noche turbado tnicamente por el resoplar metalico del tren, qued6 roto por una serie de detonaciones que sembraron la alarma entre los dormidos viajeros y varios gritos de rabia y agonia se unieron a los estampidos. Zenker, Spack y Vera, pegaron sus lividos rostros al cristal, tratando de ver algo, cosa imposible, pero de repente ahogaron una maldicién. Dos pistoleros habian salido despedidos de los estribos y sus cuerpos rodaban por la pendiente en contorsiones violentas para quedar como tragicos munecos tendidos sobre la dura tierra. El secretario se mordio los labios hasta hacerlos sangrar. Spack pareci6 que iba a caer victima de una congesti6n y Vera, mas blanca que el papel murmur6: —jPadre... me terno que...! No acabé la frase. Nuevos disparos vibraron rabiosamente, otro forajido cay6 de cabeza a tierra y gritos de angustia y de panico se esparcieron por los vagones, al tiempo que el tren apretaba sus frenos y acortaba la velocidad. Zenker, mas decidido que Spack, abrio la litera Vv Se ai omo,al C©