Pulp Fiction, 1940 · page 31 of 92
Aventuras de Jim Texas: Duelo a Muerte — page 31: what you’re looking at
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sentir la sensaci6n de conocer al pseudo aleman pero también esta vez su Memoria se negé a responder al recuerdo. El financiero indicé: —FEste senor es Oliver Zenker, mi secretario y al que todos mis subordinados deben obedecer como a mi mismo cuando dé una orden... Le presento a Jim. Zenker clav6 sus frios ojos en Jim un momento, pero nada reflej6 en ellos que diese a adivinar sus reacciones. Se limit6 a saludar con una inclinaci6n de cabeza, diciendo: —Celebro conocer a un hombre tan Util y valiente y espero que en ocasiOn propicia me demuestre que es lo bravo y sereno que me han contado. Jim parecié adivinar un deje de ironia en la voz seca de Zenker y con frialdad repuso: —Y yo espero que el que trate de ponerlo a prueba se sienta tan satisfecho de ello que no se quede con fuerzas para contarselo a nadie... al menos en este mundo. —Bien, ya lo veremos. Mir6 de soslayo a Nino, pareci6 medir con la vista su fuerza y su capacidad y frunciendo levemente su frente, se sent6, extrajo su pipa del bolsillo y se dedicé a fumar con indiferencia. Las dos muchachas replegadas en un rinc6én, se habian sumido en la contemplaci6n de un "magazzine". Ahora imperaban los hombres y ellas debian mantenerse en segundo término. Hubo paradas en estaciones, que produjeron un trasiego de viajeros. Unos subian y otros descendian y el vagén dio cabida a algunos, pero a medida que el tren avanzaba se iban apeando y sdlo los seis viajeros continuaban en él. Habian atravesado el caudaloso y majestuoso Mississippi y ahora rodaban camino de Taxarcani, en Texas, limite con la divisoria. Al dia siguiente, se encontrarian en dicha capital para desde alli subir a Dallas, Forth Worth a San Angelo, donde finalizaria el viaje en tren. Al llegar la noche, se dividieron en dos turnos para la cena. Jim parecia haber perdido categoria desde que fuera contratado por Spack, pero esto no le preocupaba. Sabia esperar sus momentos y solo le interesaba estar metido en la organizacién y esperar el instante en que al necesitar sus servicios tuviesen que revelarle parte de sus planes. Nino, por su parte, parecia haberse quedado mudo. Ni siquiera con su companero cambiaba impresiones y solo se limitaba a mirar de reojo a Stella y a lanzar unos suspiros suaves pero profundos, que le iban a dejar sin aire los pulmones. cConniclooolks C@©