Pulp Fiction, 1940 · page 29 of 92
Aventuras de Jim Texas: Duelo a Muerte — page 29: what you’re looking at
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movimientos, pero poseia unos ojos duros, una nariz un poco judaica y mostraba un aire dominante de hombre acostumbrado a tornar resoluciones enérgicas y a no retroceder ante ningtn obstaculo. Jim le examino atentamente. Parecia como si quisiera recordar aquella fisonomia peculiar, pero tras forzar su memoria, fracas6. Quiza fuese el aspecto especial del sujeto el que le sugestionaba haciéndole creer que le habia visto en alguna parte. Cuando el tren se detuvo, el individuo que lo requisaba con mirada aguda, sonri6 expresivamente y se corri6 a un lado hasta ponerse debajo de las ventanillas del vagén ocupado por Jim y la familia del financiero. Vera asomada a una de ellas, saludaba con la mano y el individuo se adelant6 a estrecharla efusivamente, desdenando la del millonario que le habia sido tendida, también. Cuando hubo saludado a Vera, se acerc6é a Spack y estreché su mano, preguntando: — Todo bien, senor Snack? —Todo... Hay algunas novedades que ya le contaré, pero no hacen variar gran cosa nuestros proyectos. Suba usted. Mucha gente se apeé alli y el vagén donde viajaba Jim qued6 de nuevo vacio. El recién llegado ascendié, con un maletin y una maleta que dejo en el pasillo y Spack, tomandole del brazo, pregunt6 a su vez: —Y usted, Zenker, tiene alguna novedad que contarme? —No. Vengo de alli. He tomado algunos informes y he hecho ciertas gestiones provechosas. Creo que la cosa saldra muy bien. —Me alegro. Es un negocio que puede ser colosal. Ahora venga al restaurante. Tengo que hacerle una presentaci6n, pero antes quiero informarle de todo. Pasaron los dos solos al restaurante y ante una botella de whisky, Spack hablo: —Ha sucedido algo que por poco varia nuestros proyectos. En Washington el salvaje de Lanley, al que habia contratado para capitanear los hombres de la presa, al subir al vagén tuvo una escena desagradable con mi hija a la que no conocia. El caso es que la hizo objeto de una agresi6n que por fortuna no realiz6, porque alguien que acababa de subir al vag6én le dio una buena paliza y termin6o por arrojarle como un guinapo a la via. Zenker, asombrado, exclamo: —jNo me diga! Me cuesta trabajo creer que hombre alguno pueda tratar asi a "Bala Rasa". jPero si es el hombre mas duro y mas rapido con el revdélver! —Pues asi fue, Zenker, lo cual demuestra que los hay mas duros. —Quisiera saber quién es ese tipo. cConniclooolks C@©