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Pulp Fiction, 1940 · page 16 of 92

Aventuras de Jim Texas: Duelo a Muerte — page 16: what you’re looking at

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Aventuras de Jim Texas: Duelo a Muerte — page 16: Pulp Fiction, 1940

A restored page from Pulp Fiction, 1940. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

mi orden. La joven, ante el tono imperativo y amenazador de Lanley, se repleg6 hacia atras, cerca de su companera, que temblaba de miedo y traté de abrir su bolso para extraer de él algo —quiza un pequeno revolver— pero el vaquero salt6 sobre ella y, aferrandola por las munecas, grit6: —Ya esta usted bajando por el petate o... No termin6o la frase. El duro brazo de Jim, como una tenaza, se estir6, le asid por el cuello de la camisa, tird de él hacia atras obligandole a dar vuelta, y mirandole fijamente a los ojos, ordendo: —Pongase de rodillas, pida perdén a las seforitas por su groseria, y luego, baje por su asqueroso atuendo y busquese el vagon mas alejado que encuentre, bien entendido de que si no lo hace asi, le aplastaré la boca a pufetazos. Lanley, asombrado de aquella intervencién, y de semejante amenaza, qued6 un momento confuso, pero stbitamente, se revolvid, de un tirén brutal se desasi6 de la presi6n de Jim y con una velocidad pasmosa, lIlev6 la mano a la cintura en busca del revolver, pero antes de que su mano alcanzara la pistolera, el puno de Jim se le habia incrustado en la cara, haciéndole caer de espaldas en el vagon, casi a los pies de las muchachas, que lanzaron un grito de espanto. Lanley, duro como una roca, se incorporo e insisti6 en sacar el revolver, pero ahora, un enorme puntapié administrado en la mano, le oblig6 a emitir un aullido de dolor y a desistir del empeno sin darse por vencido. Medio inclinado sobre el piso del vagon, se estir6, tratando de tomar a Jim por los pies y hacerle caer, pero Texas, que no le perdia de vista, evadio el intento, y con el duro tacén de su bota le machacé los dedos, cosa que acaboé de enloquecer al vaquero. Pero como Jim presumia que el espectaculo era demasiado violento para desarrollarlo delante de dos muchachas del Este, decidi6 terminar de una vez, y atenazandole de nuevo, lo elev6 en el vacio con intenci6én de arrojarle por la ventanilla. Pero Nino, que en la puerta del vag6én habia asistido a la escena con la mano apoyada en la culata de su revoélver, aunque sin intervenir en aquel divertido espectaculo, salt6 como un mulle, interponiéndose para exclamar con acento compungido: —jNo manito, por la Virgen de Guadalupe! No hagas eso... Préstamelo para aca un ratito que yo me divierta también, irepinto!... Jim, como el que arroja una pelota, volte6 a Lanley, que fue a caer entre los recios punos de Nino, el cual le tom6 por la cintura como a un muneco, le suspendi6 en el vacio y, tirando Ael anude do C@©