Penny Dreadfuls, 1875 · page 62 of 400
Varney El Vampiro — page 62: what you’re looking at
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Temblaba con tal violencia que Marchdale recomendo darle un estimulante. Con bastante esfuerzo lograron convencerla de beber un pequefio sorbo de vino de una copa. No cabia duda de que el efecto fue beneficioso: un leve color volvi6 a sus mejillas, y hablo con voz mas firme: —No me dejen... por favor, no me dejen ninguno de ustedes. Moriré si me quedo sola. Oh, salvenme, salvenme... jesa forma horrible, ese rostro espantoso! —Cuéntanos coémo ocurrid, querida Flora —dijo Henry. —No... no... no —respondio ella—. No creo que vuelva a dormir jamas. —No digas eso; dentro de unas horas estaras mas tranquila y podras contarnos lo sucedido. —No, lo diré ahora. Lo diré ahora. Se cubrio6 el rostro con las manos, como si tratara de reunir sus pensamientos dispersos, y luego dijo: —NMe desperto la tormenta, y vi aquella espantosa aparicion en la ventana. Creo que grité, pero no pude moverme. jDios mio, no pude huir! Se acercé... me tomo del cabello... No sé mas. No sé mas. Se llev6 la mano varias veces al cuello, y el senor Marchdale dijo con voz inquieta: —Parece, Flora, que te has lastimado el cuello... tienes una _herida. — {Una herida? —exclamo la madre, acercando una luz a la cama. Todos vieron, en un costado del cuello de Flora, una pequefia herida punzante; 0 mas bien dos, pues habia otra a poca distancia de la primera. De esas heridas habia brotado la sangre que manchaba su ropa de dormir. —j Como aparecieron esas heridas? —pregunto Henry. —No lo sé —respondio ella—. Me siento muy débil, como si hubiera perdido mucha sangre. —No puede ser, querida Flora —dijo Henry—; apenas hay media docena de manchas visibles. El sefor Marchdale se apoyo en el cabecero tallado de la cama y dejo escapar un profundo gemido. Todos lo miuraron, y Henry le preguntO con la mayor ansiedad: —j{Sabe algo, senor Marchdale, que pueda arrojar luz sobre este asunto? —jNo, no, nada! —respondio él, incorporandose de golpe del abatimiento que parecia dominarlo—. No tengo nada que decir, salvo que creo que Flora deberia intentar dormir, si puede. —jNo dormiré! j;No dormiré! —gritO Flora—. {Como podria dormir sola? —No estaras sola, querida Flora —dijo Henry—. Me quedaré a tu lado y velaré por t1. Ella le tomo la mano entre las suyas y, mientras las lagrimas le corrian por las mejillas, dijo: —Prométemelo, Henry, por todas tus esperanzas de alcanzar el cielo: no me dejes. —Te lo prometo. Ella se recost6 suavemente, dio un hondo suspiro y cerro los ojos. —Esta débil y dormira largo tiempo —dijo el senor Marchdale. —Suspira —observOo Henry—. Estoy seguro de que pensamientos terribles oprimen tu corazon. —jShhh... shhh! —dijo Marchdale, senalando a Flora—. jSilencio! No aqui... no aqui. —Entiendo —dijo Henry—. —Deéyjala dormir. CONniluCEOOOlKS.€O