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Penny Dreadfuls, 1875 · page 57 of 400

Varney El Vampiro — page 57: what you’re looking at

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Varney El Vampiro — page 57: Penny Dreadfuls, 1875

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

el primer grito de alarma hasta el instante en que el crujido anuncio la ruptura de los cerrojos, habian pasado muy pocos minutos. —jSe abre, se abre! —egrit6 el joven. —Un momento mas —dio el desconocido, mientras seguia haciendo palanca con la barreta—, un momento mas y tendremos libre acceso al cuarto. Ten paciencia. Aquel extrafio se Ilamaba Marchdale; y, aun mientras hablaba, consigui6 abrir de par en par la maciza puerta, despejando el paso hacia la habitacion. El joven llamado Henry irrumpi6 dentro con una luz en la mano; pero la rapidez con que avanzo le impidio distinguir bien el interior, porque el viento que entraba por la ventana abierta azoto la llama de la vela y, aunque no la apago del todo, la inclino tanto que result6 casi inutil. —jFlora! jFlora! —grito. Entonces, de pronto, algo salt6 desde la cama. El choque fue tan subito, tan inesperado y tan violento, que lo derribo, y en la caida la vela se apago por completo. Todo quedo a oscuras, salvo un débil resplandor rojizo que, de cuando en cuando, entraba desde un molino cercano casi consumido por el fuego. Pero a esa luz, tenue, incierta y vacilante, se distinguio una figura que se dirigia hacia la ventana. Henry, aunque casi aturdido por la caida, alcanzo a verla: era una figura gigantesca, tan alta que casi tocaba el techo. El otro joven, George, la vio también, y lo mismo Marchdale, asi como la dama que habia hablado con ellos en el corredor cuando los gritos de la muchacha despertaron el terror en todos los habitantes de la casa. La figura estaba a punto de salir por la ventana, que daba a una especie de balc6n desde el cual se descendia facilmente al jardin. Antes de que desapareciera, todos alcanzaron a ver su perfil: la parte inferior del rostro y los labios estaban manchados de sangre. Vieron también uno de esos ojos de aspecto metalico y brillante, que mostraba una ferocidad antinatural. No es de extraniar que, por un momento, el panico los paralizara e impidiera que intentaran detener aquella forma espantosa. Pero el sefor Marchdale era un hombre maduro; habia visto mucho en su vida, tanto en Su pais como en tierras extranjeras; y aunque el horror lo habia estremecido, fue el primero en recobrarse y actuar con prontitud. —No te levantes, Henry —grit6é—. Quédate donde estas. Casi al mismo tiempo que pronunciaba estas palabras, dispar6 contra la figura que se hallaba en la ventana, como si se tratara de una silueta gigantesca enmarcada en ella. El estampido fue ensordecedor en aquella estancia, pues la pistola no era un juguete, sino un arma real, de canon largo y calibre suficiente para llevar la destruccion en cada bala que disparaba. —Si ese tiro ha fallado —dijo Marchdale—, no volveré a apretar un gatillo. Mientras hablaba, se lanzo hacia adelante para atrapar a la figura que estaba seguro de haber herido. El alto ser se volvio hacia él, y cuando Marchdale alcanz6 a verle el rostro —gracias a que la dama regresaba en ese instante con la luz que habia ido a buscar a su habitaci6n—, incluso él, con todo su valor, retrocedi6 un par de pasos y exclam6o: —jDios mio! Aquel rostro era imposible de olvidar. Estaba horriblemente tenido del color de la sangre fresca; los ojos tenian un brillo salvaje y singular: antes parecian de estafo pulido, ahora resplandecian con un fulgor diez veces mas intenso, como si destellos de luz brotaran de CONniluCEOOOlKS.€O