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Penny Dreadfuls, 1875 · page 56 of 400

Varney El Vampiro — page 56: what you’re looking at

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Varney El Vampiro — page 56: Penny Dreadfuls, 1875

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

—jDios santo! {Qué ocurre? Apenas habia pronunciado estas palabras cuando una rapida sucesion de alaridos desgarradores resono en la casa, dejandolos aturdidos. La dama mayor, a quien uno de los jOvenes habia llamado madre, se desmay6, y habria caido al suelo del corredor si el recién llegado no la hubiera sostenido, aunque él mismo tambale6 al oir aquellos gritos tan penetrantes en la oscuridad de la noche. Sin embargo, fue el primero en recobrarse, pues los jOvenes parecian paralizados. —jHenry! —exclamo—. jPor el amor de Dios, sostiene a tu madre! ;Puedes dudar que esos gritos vienen del cuarto de Flora? El joven sostuvo maquinalmente a su madre, y el hombre que habia hablado corrid de nuevo a su dormitorio. Regres6 al instante con un par de pistolas, y, gritando: —jSiganme quien pueda! —cruzo el corredor de un salto, en direccion al antiguo aposento de donde procedian los alaridos, aunque ya habian cesado. La casa habia sido construida para resistir, y todas las puertas eran de roble macizo y considerable espesor. Por desgracia, se cerraban desde dentro, de modo que, cuando el hombre lleg6 a la habitaci6n de aquella que tanto necesitaba ayuda, se encontro impotente: la puerta estaba trabada. —jFlora! j Flora! —grit6—. j Flora, contesta! Todo permanecio en silencio. —jDios mio! —murmuré—. Tendremos que derribar la puerta. —QOijgo un ruido extrano dentro —dijo el joven, temblando visiblemente. —yY yo también. {A qué suena? —Apenas puedo decirlo... pero se parece al de algun animal que devora o sorbe un liquido. — {Qué demonios puede ser? {No tienes algun instrumento para forzar la puerta? Me volveré loco si sigo esperando aqui. —Si—respondio el joven—, espera un momento. Bajo corriendo la escalera, y al poco rato regresO con una pequefa pero resistente barra de hierro. —Esto servira —dio. —Si, servira. Damela. — {No ha dicho una sola palabra? —Ni una. Presiento que algo espantoso le ha ocurrido. —Y ese ruido raro... —Sigue ahi. Me hiela la sangre escucharlo. El hombre tomo la barra de hierro y, con gran esfuerzo, consigui6O introducirla entre la puerta y el marco; aun asi, requiri6 una fuerza considerable para moverla. Pero lo logré: un sonido aspero y crujiente anunci6 que la madera cedia. —jEmpuja! —grito el que manejaba la barreta—. Empuja la puerta al mismo tiempo. El] mas joven obedeci6o. Durante unos instantes la maciza puerta resistid. Luego, de pronto, algo cedi6 con un fuerte chasquido —era parte de la cerradura— y la hoja se abrio de par en par. Qué cierto es que medimos el tiempo por los hechos que ocurren en él, mas que por su duracion real. Para quienes intentaban forzar la puerta de la antigua estancia donde dormia la joven a la que llamaban Flora, cada segundo se dilataba en una hora de agonia; pero, en verdad, desde CONniluCEOOOlKS.€O