Penny Dreadfuls, 1875 · page 55 of 400
Varney El Vampiro — page 55: what you’re looking at
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iDios del Cielo! {Es real, o un sueno tan vivido que amenaza borrar para siempre la frontera del juicio? La figura se ha detenido de nuevo, y la joven yace medio dentro, medio fuera del lecho, temblando. Su larga cabellera se extiende a lo ancho de la cama; al moverse lentamente, ha dejado los mechones extendidos sobre las almohadas. La pausa dura cerca de un minuto — joh, qué eternidad de agonia!—; un minuto suficiente para que la locura hiciera su obra completa. Con un subito impulso, imposible de prever —con un aullido extrafio, bastante para infundir terror en cualquier corazOn—,, la figura se arroja sobre ella, se apodera de sus largos cabellos sedosos, los enrolla en sus manos huesudas y la sujeta contra el lecho. Entonces erita: el cielo le concede, al fin, poder para gritar. Grito tras grito resuena sin cesar. Las ropas caen en un monton al lado del lecho; ella es arrastrada de nuevo, entera, sobre la cama. Sus miembros redondeados tiemblan con la agonia de su alma. Los ojos vidriosos y horribles de la figura recorren aquel cuerpo angélico con una satisfaccion monstruosa —una profanacion espantosa—. Le tira de la cabeza hacia el borde del lecho, la fuerza hacia atras, aun sujetandola por la larga cabellera. De pronto se abalanza y clava en su cuello sus dientes de fiera: un chorro de sangre, y un ruido asqueroso de succiOon siguen al mordisco. La joven ha perdido el sentido, y el vampiro celebra su atroz festin. CAPITULO II LA ALARMA. EL DISPARO DE PISTOLA. LA PERSECUCION Y SUS CONSECUENCIAS. Luces comenzaron a brillar por todo el edificio, y varias puertas se abrieron; voces se llamaban unas a otras. Un movimiento general de alarma y confusion sacudi6 a todos los habitantes de la casa. —({Oiste un grito, Harry? —pregunto un joven, a medio vestir, entrando en la habitacion de otro de su misma edad. —Lo of —respondio el otro—. {De donde vino”? —Dhios lo sabe. Me vesti enseguida. —Ahora todo esta en silencio. —Si... pero, a menos que estuviera sonando, fue un grito. —No podriamos haber sonado los dos lo mismo. {De donde crees que vino”? —Fue tan repentino que no puedo decirlo. En ese momento se oy6 un golpe en la puerta del cuarto donde estaban los dos jOvenes, y una voz femenina dijo: —jPor el amor de Dios, levantense! —Ya estamos levantados —respondieron ambos, saliendo al pasillo. —j{ Oyeron algo? —Si, un grito. —jRegistren la casa, registren la casa! ;Pueden decir de d6nde vino’? —No, madre, no podemos. Entonces se unio a ellos otro miembro de la familia, un hombre de mediana edad, que al llegar exclamo: CONniluCEOOOlKS.€O