Penny Dreadfuls, 1875 · page 398 of 400
Varney El Vampiro — page 398: what you’re looking at
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—Me refiero a que, si nos quedamos aqui con la ventana cerrada para impedir que se vea nuestra luz y la puerta también cerrada, ~cOmo podremos saber, en modo alguno, si la casa es atacada o no? —Escuche, amigo mio —dijo el almirante—: he dejado un punto débil para el enemigo. —{Un qué, almirante? —Un punto débil. Me he asegurado de cerrar todo, salvo una de las ventanas de la planta baja, y esa la he dejado abierta, 0 casi abierta, de modo que parezca el lugar mas natural del mundo por donde entrar. Ahora bien, justo dentro de esa ventana he colocado un mont6n de la vajilla de la familia. Le aseguro que, si alguien siquiera pone el pie dentro, oira el estrépito... jy, maldita sea, ahi lo tiene! En ese momento se produjo un fuerte estruendo, seguido de una sucesiOn de ruidos semejantes, aunque de menor intensidad, y tanto el almirante como el senor Chillingworth se pusieron en pie de un salto. —j Vamos! —grit6 el primero—. Aqui va a armarse una buena —tome el farol. El senor Chillingworth lo hizo, pero no parecia poseer demasiada presencia de animo; pues, antes de salir de la habitacion, dos veces corri6 accidentalmente la corredera oscura y produjo una completa oscuridad. —jMaldicion! —dijo el almirante—. No haga que parpadee asi; levantelo y sigame corriendo tan rapido como pueda. —j Ya voy, ya voy! —dijo el senor Chillingworth. Era una de las ventanas de una larga estancia, que tenia cinco y daba al jardin, la que el almirante habia dejado deliberadamente sin resguardo; y no estaba lejos del aposento en que habian estado sentados, de modo que probablemente no transcurri6 ni medio minuto entre el momento de la primera alarma y su llegada al lugar de donde se suponia que procedia. El almirante se habia armado con una de aquellas enormes pistolas y se lanzo hacia la ventana con toda la vehemencia de su caracter, sabiendo que alli habia colocado la vajilla de la familia y esperando plenamente verse recompensado por sus esfuerzos al descubrir a alguien tendido entre sus fragmentos. En esto, sin embargo, se vio defraudado; pues, aunque era evidente que se habia producido un gran estrépito entre platos y fuentes, la ventana permanecia cerrada y no habia indicio alguno de la presencia de nadie. —Bien, esto es extraMo —dio el almirante—. Los coloqué con un _ equilibrio extraordinario, y dos de ellos de canto... jmaldita sea!, una mosca los habria hecho caer. —Mliau —dijo un gran gato, emergiendo de debajo de una silla. —jMaldito seas, ahi estas! —dijo el almirante—. Apague la luz, apague la luz; estamos iluminando toda la casa para nada. Con un chasquido, la corredera oscura cubri6 el farol, y todo quedo en la mas completa oscuridad. En ese instante, un silbido agudo y claro llego desde el jardin. CONniluCEOOOlKS.€O