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Penny Dreadfuls, 1875 · page 391 of 400

Varney El Vampiro — page 391: what you’re looking at

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Varney El Vampiro — page 391: Penny Dreadfuls, 1875

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

—jAh, ah! Mi pequenfo ultramarino —dio el campesino, alargando la mano para atraparlo y tirando de él hacia si—. Ven a sentarte junto a tu viejo amigo. Mientras hablaba, trato de arrastrar también al sefor Jones al suelo; pero este solo respondi6 propinandole un sonoro manotazo en la cara con el pufado de brea. —Ahi tienes; y ahora estamos en paz. Después de esto seremos viejos amigos, {eh? { Estas satisfecho? Te acordaras de mi, ya lo creo. Mientras decia esto, el tendero se frot6 las manos por el rostro del hombre caido y luego huy6o del lugar con toda la rapidez que pudo. El campesino permanecio uno o dos momentos desconcertado, maldiciendo, jurando y escupiendo, prometiendo venganza y creyendo que solo le habian embadurnado la cara con barro; pero cuando se llev6 las manos al rostro y descubrio de qué se trataba, rugi6 y bramo como un toro en la plaza. GritO a sus compafieros que tenia los ojos embreados, pero ellos no hicieron mas que reirse, pensando que estaba gastandoles alguna broma absurda. No fue hasta el dia siguiente cuando logr6o regresar a su casa, pues anduvo vagando toda la noche; y tard6 una semana en quitarse la brea con ayuda de grasa. Desde entonces record6 siempre aquella embreadura de su rostro, y nunca olvido al tendero. Asi fue como todo el grupo regreso a través de los campos mucho después de anochecer, entre los diversos accidentes que cabia esperar de semejante muchedumbre. La caza del vampiro les salid cara a muchos de ellos: la ropa quedo dafiada por todas partes, se perdieron sombreros y desaparecieron zapatos, causando no pocas incomodidades a algunos de los alborotadores. Poco después, los militares se retiraron a sus cuarteles; y los habitantes del pueblo acabaron por tranquilizarse, sin que se oyera ni ocurriera nada mas aquella noche. CAPITULO LVI LA PARTIDA DE LOS BANNERWORTH DE LA MANSION. LA NUEVA MORADA. JACK PRINGLE, PILOTO. Aquella misma tarde en que la casa de sir Francis Varney fue incendiada por la turba, se desarroll6 otra escena, de caracter muy distinto, en Bannerworth Hall, donde los propietarios de aquel antiguo lugar se disponian a abandonarlo. Era ya avanzada la jornada cuando Flora Bannerworth, la sefora Bannerworth y Henry Bannerworth se preparaban para partir de la casa de sus antepasados. El futuro propietario era, como ya se ha dicho, el viejo almirante, quien habia tomado posesi6n del lugar de un modo algo misterioso, habida cuenta de la forma en que solia conducir sus asuntos. El almirante caminaba de un lado a otro por el césped frente a la casa, alzando la vista hacia las ventanas de cuando en cuando; y, volviéndose hacia Jack Pringle, dijo: —Jack, bribon... —Si, si, senor. —Procura escoltar a estas damas hasta el puerto correcto; ;me oyes? Y sin equivocarte en los rumbos; {me oyes? —Si, si, senor. —Estas naves requieren cuidado; y tu eres piloto, comandante y todo lo demas; asi que mantén los ojos bien abiertos. CONniluCEOOOlKS.€O