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Penny Dreadfuls, 1875 · page 383 of 400

Varney El Vampiro — page 383: what you’re looking at

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Varney El Vampiro — page 383: Penny Dreadfuls, 1875

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

—jLas casacas rojas!— grit6 uno. —jEl ejército!— grito otro. Era evidente que las tropas, destacadas en el pueblo para sofocar disturbios, habian sido informadas de lo que ocurria en la casa de Sir Francis Varney y marchaban ahora para acudir al lugar y salvar la propiedad. Venian, como ya hemos dicho, acompanadas de una enorme concurrencia de curiosos, que habian salido a ver qué sucedia y que, al divisar las llamas en la casa de Sir Francis Varney, resolvieron acercarse del todo y presenciar el espectaculo. Los soldados, al ver a lo lejos el alboroto y las llamas saliendo por las ventanas, se dirigieron al lugar del tumulto con toda la rapidez posible. —Ahi vienen— dijo uno. —Si, Justo a tiempo para ver lo que ya esta hecho. —Si, pueden volver y decir que hemos quemado la casa del vampiro... jhurra! —jHurra!— grit6 la muchedumbre con prolongados acentos, que Ilegaron hasta los oidos de los militares. El oficial apremi6 a los hombres, y estos respondieron esforzandose por acelerar el paso. —Deberian haber Ilegado antes; ahora ya no sirve de nada, llegan demasiado tarde. —Si, llegan demasiado tarde. —Me pregunto si el vampiro podra respirar entre el humo y vivir en el fuego— dijo uno. —yYo diria que debe poder hacerlo, si es capaz de resistir los disparos, como sabemos que puede; no se puede matar a un vampiro. Pero, aun asi, tendra que consumirse si el fuego llega a tocarlo; a menos que sea capaz de soportarlo casi todo. —Eso si que puede. —jHurra!— grit6 la muchedumbre cuando una alta lengua de fuego se abrio paso por las ventanas superiores de la casa. El incendio habia tomado ya pleno dominio, y no podia albergarse esperanza alguna, por extravagante que fuera, de salvar el menor objeto de los que quedaban en la mansion. —jHurra!— grit6 la muchedumbre, junto con los militares que acababan de alcanzarlos. —jHurra!— respondieron los otros. —jPaso ligero!— orden6 el oficial; y luego, en tono alto y autoritario, grito—: ; Despejen el paso! ;Despejen el paso! —jEh! Hay sitio de sobra para ustedes— dijo el viejo Mason—. ,A qué viene tanto alboroto? Se produjo una risa general a costa del oficial, que no hizo caso de las palabras y ordend a sus hombres avanzar hasta colocarse frente a la hoguera, que era ya una inmensa masa de llamas. La muchedumbre que habia acompanado a los militares se mezcl6 entonces con la que habia incendiado la casa de Sir Francis Varney antes de que las tropas llegaran. —jAlto!— grito el oficial; y los hombres, obedientes a la voz de mando, se detuvieron y formaron en doble linea frente a la casa. Se dieron entonces algunas Ordenes, y otras mas a varios subalternos, y un destacamento, al mando de un sargento, fue enviado desde el cuerpo principal para rodear la casa y los terrenos. El oficial contempl6 durante unos instantes la masa ardiente sin decir palabra; luego, volviéndose hacia el segundo en el mando, dijo en voz baja, mientras miraba a la muchedumbre: —Hemos lIlegado demasiado tarde. CONniluCEOOOlKS.€O