Penny Dreadfuls, 1875 · page 382 of 400
Varney El Vampiro — page 382: what you’re looking at
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En medio de todo aquel tumulto, una subita Ilamarada ilumino el entorno: la pira habia sido encendida. —jHurra!— grit6 la muchedumbre—. ; Hurra! Y bailaban como maniacos alrededor del fuego, pareciendo en verdad una horda de indios salvajes danzando en torno a sus victimas asadas, o demonios en un festin infernal. La antorcha habia sido aplicada en una veintena de puntos distintos, y las llamas se unieron en una sola, elevandose de pronto con una velocidad tremenda y rugiendo con un estruendo que oblig6 a muchos de los presentes a retirarse precipitadamente del vestibulo. Aquello se convirtio pronto en una medida necesaria de conservacion propia, y no hizo falta exhortacion alguna para inducirlos a abandonar un lugar que ardia con rapidez y furia. —jTraigan los postes y la lena... traigan los haces!— gritaban algunos; y, he aqui, casi por arte de magia, asi se hizo. Trajeron la lena apilada para el invierno y la colocaron junto a todas las puertas, especialmente la entrada principal. Incluso cada verja o puerta de las dependencias exteriores fue arrancada y arrojada al fuego, que ya comenzaba a alcanzar los pisos superiores. —jHurra... fuego! jHurra... fuego! Y un gran grito de triunfo broto6 de la muchedumbre al contemplar el avance de las llamas, que rugian y se abrian paso violentamente por las puertas y las ventanas de la casa. Cada nueva victoria del elemento era para la muchedumbre la senal de una aclamacion; y una aclamacion sonora, ademas, brotaba de ellos. — {Donde esta ahora el vampiro?— exclam6o uno. —jAh! ;Donde esta?— dijo otro. —Si esta ahi dentro —anadio un hombre, senalando las llamas—, me figuro que tiene un alojamiento bien caldeado y, al mismo tiempo, muy poca agua para hervir su caldero. —jJa, ja! jQué viejo tan gracioso es Bob Mason! Siempre esta burlandose; haria chistes aunque su mujer se estuviera muriendo. —En broma se dicen muchas verdades— apunt6 otro—; y, a mi entender, Bob Mason no se afligiria gran cosa si Su mujer muriera. —({Morir?— dijo Bob—. Ella y yo llevamos viviendo y rifendo a diario unos treinta y cinco aos, y si eso no basta para que un hombre se harte del matrimonio y de su mujer, que me cuelguen. Digo que estoy cansado. Esto lo dijo con una sinceridad muy evidente, y varios se rieron de la franqueza del viejo. —Esta muy bien —prosiguid—, esta muy bien reirse de cosas que no se entienden, pero yo sé que no es ninguna broma, ni mucho menos. Les diré una cosa, vecino: solo he cometido un gran error en toda mi vida. —iY cual fue ese’? —Atarme a una mujer. —jBah! Te casarias mafiana mismo si tu mujer muriera hoy— dijo uno. —Si lo hiciera, espero casarme con una vampira. Asi tendria algo en qué pensar; sabria a qué atenerme. Pero en cuanto a mi vieja, senor, senor, ojala Sir Francis Varney se la hubiera llevado de por vida. Apostaria a que, cuando le tocara de nuevo el término natural de su existencia, no tendria ninguna prisa por renovarlo; y si lo hiciera, diria yo que los vampiros tienen el feliz don de saber manejar a las mujeres, cosa que yo no tengo. —Ni nadie mas. Un fuerte grito atrajo entonces su atencion y, al mirar hacia el lugar de donde procedia, distinguieron un gran grupo de personas que avanzaba hacia ellos; en uno de los extremos de la multitud se veia una larga hilera de casacas rojas. CONniluCEOOOlKS.€O _~