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Penny Dreadfuls, 1875 · page 371 of 400

Varney El Vampiro — page 371: what you’re looking at

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Varney El Vampiro — page 371: Penny Dreadfuls, 1875

A restored page from Penny Dreadfuls, 1875. Page through the whole issue in the reader above.

📄 Transcribed text from this page (OCR, searchable)

Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

—Yo llamaré para pedir entrada, y en cuanto me respondan, colocaré este bast6n de tal manera que la puerta no pueda volver a cerrarse. Cuando yo diga «Avanzad», os lanzaréis hacia delante, y tomaremos posesi0n de la casa de inmediato. Todo fue aceptado. La muchedumbre se apreto contra los muros de la casa, fuera de la observacion inmediata desde la puerta del vestibulo o desde cualquiera de las ventanas, y entonces el cabecilla avanzo y llamo con fuerza para pedir entrar. El silencio era ahora tan absoluto como pudiera imaginarse. Quienes habian acudido alli con tan firme proposito de venganza estaban plenamente convencidos de la necesidad de extremar la cautela, si querian evitar atin verse por completo frustrados. Por experiencia, tenian sobrada fe en los recursos de sir Francis Varney para escapar, y no habia entre ellos ni uno solo que creyera posible capturarlo si no era por sorpresa; y una vez que lograran echarle mano, estaban decididos a que no se les escapara con facilidad. El golpe dado para pedir admisi6n no produjo efecto alguno; y, tras esperar tres o cuatro minutos, resultaba sumamente irritante comprobar que semejante despliegue de cautela y astucia hubiera sido en vano. —Inténtalo otra vez —susurro uno. —Bien, ten paciencia; voy a intentarlo de nuevo. El hombre tenia en la mano el pesado aldabon, de antiguo diseno, y estaba a punto de llamar otra vez a la puerta de sir Francis Varney cuando una voz extrafia dijo: —QQuiza seria mejor que digais de una vez qué es lo que queréis, en lugar de llamar ahi sin ningun proposito. Dio un respingo, pues la voz parecia surgir de la propia puerta. Sin embargo, sonaba inequivocamente humana; y, al mirar con mas atenci6n, se vio que desde dentro se habia abierto una pequefia mirilla, no mayor que el rostro de un hombre. Aquello era desesperante. Tal grado de precaucion por parte de los ocupantes resultaba del todo inesperado. {Qué podia hacerse? —({ Bien? —dijo el hombre que aparecia en la pequena abertura. —Oh... —respondi6 quien habia llamado—. Yo... —({ Bien? —Yo... esto... es decir... ejem. {Se encuentra dentro sir Francis Varney’? —({ Bien? —Digo que si se encuentra dentro sir Francis Varney. —Bien; jeso ya lo habéis dicho! —Ah, pero no lo habéis respondido. —No. —REntonces, jesta en casa? —Me niego a decirlo; asi que sera mejor que todos vosotros regreséis a la ciudad, porque estamos bien provistos de todo lo necesario para resistir cualquier ataque que seais lo bastante insensatos como para intentar. Mientras hablaba, el criado cerr6 de golpe la pequefa portezuela cuadrada, con tal estruendo que su interlocutor volvi0 a dar un salto. j; He ahi un dilema! CAPITULO LI CONniluCEOOOlKS.€O _~