Penny Dreadfuls, 1875 · page 370 of 400
Varney El Vampiro — page 370: what you’re looking at
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En consecuencia, con gritos y clamores que —por prudencia— se habian contenido desde el principio, dieron ahora libre curso a sus sentimientos contra el hombre cuya destrucci6n se proponian. —jMuerte al vampiro! ; Muerte al vampiro! Ese era el grito principal, proferido con tonos que sonaban tanto arabia como a decepcion. Pero es necesario ahora, una vez despachado el reducido numero de alborotadores que cometié tan grave atropello en la posada, que sigamos con cierto método los movimientos del grupo mayor, el que se dirigi6 desde la ciudad hacia la residencia de sir Francis Varney. Estas personas contaban bien con informaciones muy concretas, 0 bien con una sospecha muy firme de que, pese a la misteriosa y del todo inexplicable desaparicion del vampiro en la vieja ruina, ahora se le encontraria, como de costumbre, en su propia casa. Tal vez alguno de sus propios criados hubiera hecho de traidor; pero, fuera como fuese, habia sin duda un aire de seguridad en algunos de los cabecillas de la tumultuosa reunion que inducia a creer, de manera general, que esta vez, al menos, el vampiro no escaparia a la venganza popular por ser lo que era. Ya hemos sefalado que estas gentes salieron de la ciudad por distintos puntos y no se reunieron en una sola masa hasta encontrarse a suficiente distancia como para no temer ser observados. Entonces, algunos de los menos atentos y prudentes comenzaron a desahogarse con gritos de ira y desafio; pero quienes se colocaban al frente lograron imponer una detencion, y uno de ellos dijo: —Buenos amigos, si hacemos ruido, solo conseguiremos una cosa: advertir a sir Francis Varney y darle ocasiOon de escapar. Si, por tanto, no somos capaces de avanzar en silencio, propongo que regresemos a nuestras casas, porque no lograremos nada. El consejo era tan evidentemente razonable que no hallo oposici6n alguna. Siguio un silencio de muerte, roto solo por dos o tres voces que murmuraron, en tono apagado: —FEsta bien... esta bien. Que nadie hable. —Adelante, entonces —dijo quien habia dado tan juicioso consejo. Y la oscura masa de hombres avanzo hacia la casa de sir Francis Varney con todo el sigilo que era posible en una concurrencia semeyjante. En efecto, salvo el sonido de los pasos, no se oia nada en absoluto; y aquel ritmo regular —paso, paso, paso— habria desconcertado a cualquiera que lo escuchara desde cierta distancia, incapaz de discernir hacia qué direccion se dirigia. Asi continuaron hasta alcanzar la casa de sir Francis Varney, y aun entonces se dio en un susurro la orden de detenerse, mientras todas las miradas se clavaban en el edificio. De entre las numerosas ventanas que salpicaban la fachada de la mansion, solo una dejaba escapar la menor luz, y de ella procedia un resplandor inusualmente intenso, probablemente causado por una lampara de lectura colocada cerca del cristal. Una impresion general, sin que nadie supiera explicar exactamente por qué, parecia apoderarse de todos: en la habitaci6n de donde brotaba aquella luz brillante se hallaba sir Francis Varney. —jLa habitacion del vampiro! —diyeron varios—. jLa habitacion del vampiro! jEsa es! —Si—trespondio quien ejercia una especie de control moral sobre sus companfieros—. No me cabe duda de que esta alli. —{ Qué hacemos? —preguntaron varios. —No hagais el menor ruido; apartaos y colocaos de modo que no se os vea desde la puerta cuando se abra. CONniluCEOOOlKS.€O _~