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Penny Dreadfuls, 1875 · page 368 of 400

Varney El Vampiro — page 368: what you’re looking at

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Varney El Vampiro — page 368: Penny Dreadfuls, 1875

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Pero los soldados no eran libres de adoptar un procedimiento tan lento para vencer a su enemigo, y por la escalera del segundo piso subieron, con la determinacion de despachar el asunto sin dilaciones. Se detuvieron un momento, por orden verbal, en el rellano, y luego, tras esa breve pausa, se dio la orden de avanzar. Ahora bien, cuando los hombres avanzan, pese a cualquier cosa y a todo, no es empresa facil detenerlos, y quien marchaba en cabeza de los militares habria pensado antes en vacilar que en negarse a subir la estrecha escalera que tenia delante cuando se le ordenaba hacerlo, del mismo modo que habria pensado en pagar la deuda nacional. Sigui6 adelante, y entonces cayo un gran arcon que, al dar contra sus pies, lo derribo cuando intentaba trepar por encima de él. —jFuego! —dijo el oficial; y parecia que habia hecho ciertos arreglos acerca de cOmo debia obedecerse la orden, pues el segundo hombre disparo su carabina y luego trep6 sobre su camarada caido; tras lo cual se inclin6o, y el tercero dispar6 también su carabina y avanzo apresuradamente del mismo modo. Al primer sonido de las armas de fuego, los alborotadores quedaron completamente sorprendidos; no habian tenido la menor idea de que las cosas llegaran a tal extremo. El olor de la pdlvora, el fuerte estampido y la sensacion de peligro real que acompanaba a estos fendmenos los alarmaron de la manera mas terrible; de modo que, en realidad, con la excepcion del arc6n vacio que se arroj6 para entorpecer el paso del primer soldado, ninguna otra idea de defensa parecio hallar lugar alguno en el animo de los sitiados. Se atropellaban unos a otros en su ansia por alejarse cuanto fuese posible del peligro inmediato, que, naturalmente, concebian existente en el grado mas inminente en las proximidades de la puerta. Tal fue el estado de terror en que se vieron sumidos, que cada uno, en ese instante, se creyO herido de bala, y los soldados habian superado todas las dificultades reales para apoderarse de lo que bien podia llamarse la ciudadela de la posada, antes de que aquellos hombres que tan valerosos se habian mostrado poco antes se recobraran del tremendo espanto en que habian caido. Apenas hace falta decir que las carabinas estaban cargadas, pero con cartuchos de fogueo, pues no habia ni disposicion ni necesidad de quitar la vida a esas gentes extraviadas. Fue la brusquedad y la firmeza del ataque lo que habia causado todo el perjuicio a su causa; pero ahora, antes de que se repusieran de la sorpresa de ver su posiciOn tomada por asalto de manera tan completa, fueron bajados por la escalera, uno a uno, de soldado en soldado, y entregados a la custodia de las autoridades civiles. Para asegurar la custodia de un cuerpo tan numeroso de prisioneros, los alguaciles, que se encontraban en clara minoria, colocaron esposas a algunos de los mas capaces de ofrecer resistencia; asi que, entre los que quedaron de ese modo sujetos y los que fueron aterrados hasta la sumision, no hubo un solo hombre de todos los que se habian refugiado en los desvanes de la casa publica que no fuese hecho prisionero. Al sonido de las armas de fuego, las mujeres que se hallaban fuera de la posada habian levantado, como era de esperar, un clamor prodigioso. Creyeron de inmediato que cada bala debia de haber causado algun grave dafio a los vecinos del pueblo, y solo fue cuando uno de los soldados, un suboficial que se encontraba abajo, les aseguro la naturaleza inofensiva del procedimiento cuando se restableci6 algo parecido a la ecuanimidad. CONniluCEOOOlKS.€O _~