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Penny Dreadfuls, 1875 · page 362 of 400

Varney El Vampiro — page 362: what you’re looking at

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Varney El Vampiro — page 362: Penny Dreadfuls, 1875

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

especie de terror estremecido; esa habitaci6n que habia sido oscurecida, cerrando sus fuentes de luz, como si fuera una falta de respeto permitir que la luz agradable del sol cayera sobre la figura desvaida. Y todos los habitantes de la casa, al subir o bajar sus intrincadas y antiguas escaleras, caminaban con paso quedo y contenido frente a aquella puerta en particular. Incluso el tono de voz con que se hablaban mutuamente, sabiendo que aquel triste remanente de mortalidad estaba en la casa, era bajo y contenido, como si el reposo de la muerte no fuera mas que un sueno humano capaz de quebrarse con un sonido brusco. Si, incluso algunos de esos mismos individuos que ahora irrumpian con clamor ruidoso y bullicioso habian visitado antes la casa y hablado en susurros; pero entonces estaban solos, y el ser humano, en multitud, comete actos que, a solas, rehuiria por escrupulo o por cobardia —llamese como se quiera. La camara mortuoria estaba en el segundo piso de la casa. Era una habitacion trasera, cuyas ventanas daban a ese espacio mezcla de jardin y corral que suele rodear a las posadas rurales. Pero ahora las contraventanas estaban cerradas, con excepci6n de una pequena abertura que, de dia, habria dejado entrar un rayo de luz perdido para caer sobre el cadaver. Ahora, sin embargo, cuando las sombras sombrias de la tarde lo envolvian todo, la estancia parecia en total oscuridad, y la mayoria de quienes se habian aventurado a entrar retrocedio hasta que trajeron luces desde la parte baja de la casa para poder acceder a la habitacion. Una tenue lampara de aceite, colocada en un nicho, iluminaba lo suficiente la escalera, y gracias al débil resplandor pudieron subir hasta el rellano con relativa comodidad; no se les Ocurri0 que necesitarian luz para entrar en la estancia hasta que la encontraron sumida en la mas completa oscuridad. Los requisitos, sin embargo, se consiguieron con rapidez en la cocina de la posada. En realidad, todo lo que se necesitaba era tomado sin dirigir la menor palabra a la gente del lugar, como si, desde aquella misma noche, se entendiera que la fuerza daba derecho a todo en ese pueblo. Hasta ese punto, nadie habia tomado un papel demasiado destacado en el asalto a la posada—-si es que podia llamarse asalto—-; pero entonces, el hombre que el azar, 0 su propia agilidad, habia puesto a la cabeza del grupo, asumi6 cierto control sobre sus compafieros y les dijo: —QOjigan, amigos; vamos a hacerlo todo con calma y como corresponde. Yo pienso que seria mejor que entraramos tres o cuatro a la vez, del brazo. —jBah! —exclam6o uno que acababa de llegar con una luz—. Eso lo dice tu cobardia. Yo entraré primero; que me sigan los que quieran, y los que tengan miedo que se queden donde estan. Entr6 de un salto en la habitacion, y ese gesto rompio de inmediato el hechizo de temor que empezaba a extenderse entre los demas por la propuesta timida del hombre que, hasta ese momento, habia ido a la cabeza de la empresa. En un instante la estancia estaba medio Ilena, con cuatro 0 cinco personas portando luces; y, como no era de grandes dimensiones, quedaba suficientemente iluminada como para distinguir con claridad cada objeto. Alli estaba la cama, lisa e intacta, como si aguardara a un huésped esperado; y, junto a ella, un atatid sostenido por caballetes, cubierto parcialmente por una sabana, contenia los tristes restos de aquel que jamas habria imaginado en vida que, después de la muerte, seria CONniluCEOOOlKS.€O _~