Penny Dreadfuls, 1875 · page 360 of 400
Varney El Vampiro — page 360: what you’re looking at
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indisposicion —que desconcertaron a los médicos de la zona—., habia exhalado su ultimo suspiro. Su entierro debia realizarse en el cementerio del pueblo, justamente el dia del tumulto y la confusion provocados por la exhumacion del ataud del carnicero; probablemente de ahi la presencia del clérigo con vestimentas litirgicas en el momento de los disturbios. Cuando se descubri6 que una turba tan desordenada ocupaba el cementerio, se abandono la idea de enterrar al desconocido ese dia; y todo habria seguido tranquilo en lo referente a él, de no haber sido por la necedad de una de las camareras de la posada. Esa mujer, con el afan de chisme propio de su oficio, se habia sumergido desde el principio en todos los detalles sobre los vampiros hasta quedar practicamente trastornada con el asunto. Su imaginacion habia trabajado tanto que qued6 incapaz de pensar en otra cosa; y si alguna supersticion lugubre y repugnante era capaz de producir efectos espantosos en alguien, era en ella. El pueblo estaba bastante tranquilo; la presencia de los soldados habia asustado a unos y entretenido a otros, y no cabe duda de que la noche habria transcurrido en calma si ella no hubiera irrumpido de repente en la calle para gritar, con voz extraviada y gestos frenéticos: —jUn vampiro, un vampiro, un vampiro! Estas palabras reunieron enseguida a una multitud a su alrededor y luego, con unos alaridos que bastaban para convencer a cualquiera de que habia perdido la razon en ese punto, grit6: —jEntren a la casa, entren a la casa, entren a la casa! Miren el cadaver que ya deberia estar en su tumba: esta mas fresco ahora que el dia en que murid, y tiene color en las mejillas. ;Un vampiro, un vampiro, un vampiro! j;Que el cielo nos ampare de un vampiro! La forma extrana, furiosa y casi maniatica en que pronuncio estas palabras produjo un efecto sorprendente entre la multitud. Varias mujeres gritaron y algunas se desmayaron. La chispa volvi6 a encender el altar del sentimiento popular, y la llama feroz de la superstici6n brill6 con intensidad. Una veintena de personas, entre gritos y exclamaciones, irrumpi6 en la posada, mientras la mujer que origino el escandalo continuaba delirando, arrancandose los cabellos y lanzando alaridos hasta que cayo exhausta en el suelo. Pronto, de un centenar de gargantas surgid aquel espantoso clamor: «jUn vampiro, un vampiro!». La alarma se propag6 por todo el pueblo; sonaron las cornetas militares; hubo un choque de armas, los gritos de las mujeres... los sintomas previos de un tumulto que dificilmente se apaciguaria sin derramamiento de sangre y grave desgracia. Resulta verdaderamente asombroso el efecto que una sola persona débil o malintencionada puede producir sobre una multitud. He aqui una mujer cuyo juicio valdria poco en cualquier asunto trivial, cuya palabra no habria valido ni una moneda, y sin embargo consiguio poner un pueblo entero patas arriba unicamente gracias a su pura y brutal ignorancia. Es un hecho fisiol6gico bien conocido que, tras cuatro 0 cinco dias —o incluso una semana—, el cuerpo de muchas personas adopta una apariencia de frescura imposible de encontrar inmediatamente después de la muerte. Es uno de los procesos mas insidiosos de esa descomposiciOn, que parece lamentar que sus malditos y ofensivos dedos estropeen las lineas donde la belleza perdura. Pero {qué sabia de fisiologia la doncella? Probablemente habria preguntado si era algo comestible; y asi, con la cabeza Ilena de vampiros, tenia que provocar semejante escena lamentable, cuyos resultados casi nos repugna detallar. CONniluCEOOOlKS.€O _~