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Penny Dreadfuls, 1875 · page 353 of 400

Varney El Vampiro — page 353: what you’re looking at

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Varney El Vampiro — page 353: Penny Dreadfuls, 1875

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todos la abandonan, se llevan consigo los Unicos encantos que alguna vez tuvo; por si misma no significa nada. Estoy mas que dispuesta a acompafnarlos a donde sea, siempre y cuando permanezcamos juntos. —Entonces, madre, podemos considerarlo decidido. —Como gustes. —No es exactamente como yo quiero. Debo confesar que me habria aferrado, con una especie de reverencia supersticiosa, a este antiguo hogar de mi familia; pero no puede ser. Aquellos que quiza son mas capaces de llegar a conclusiones sensatas, por no estar sus sentimientos tan comprometidos como para desviarlos, han decidido otra cosa; y por ello estoy conforme con marcharnos. —No lo lamentes, Henry. Una nube de infortunio pende sobre nosotros desde que el jardin de esta casa se convirtid en escenario de un hecho que ninguno de nosotros puede recordar sin terror ni estremecimiento. —Dos generaciones de nuestra familia tendran que nacer y morir antes de que el recuerdo de aquel suceso pueda borrarse. Pero no pensemos mas en ello. No cabia duda de que la terrible circunstancia a la que aludian tanto la sehora Bannerworth como Henry era el suicidio del padre de la familia, cometido en los jardines; hecho ya mencionado anteriormente en esta narraciOn, que en su momento causo una gran sensacion y sumio a la familia en profunda afliccion durante muchos meses. El lector recordara que, en sus Ultimos instantes, aquel desdichado hombre pronunci6 algunas palabras incoherentes sobre un dinero oculto, y que solo la rapidez de la muerte impidio que pudiera explicarse mejor, deyando todo en simples conjeturas. Con los afos, incluso como tema de especulacion, este asunto habia dejado de ocupar la mente de los Bannerworth; y varios de sus amigos, entre ellos el sefhor Marchdale, opinaban abiertamente que aquellas palabras, tan enigmaticas y precisas en apariencia, no eran sino los desvarios de una mente que ya rozaba las fronteras de la eternidad. De hecho, lejos de ser el dinero una preocupacion en los ulttmos momentos del disoluto hombre cuyos vicios y excesos habian Ilevado a su familia a la ruina, se creia mas bien que se suicid6 por la absoluta imposibilidad de conseguir mas fondos que le permitieran continuar la vida que habia llevado durante tanto tiempo. Pero volvamos al relato. Henry comunico enseguida al almirante lo que su madre habia dicho; y, habiéndose decidido afirmativamente toda la cuesti6n relativa a la mudanza, solo quedaba ocuparse de ella lo antes posible. Los Bannerworth vivian lo bastante lejos de la ctudad como para no oir los disturbios que alli sucedian; y estaban tan aislados de cualquier tipo de sociedad que no tenian idea de la agitaciOn popular provocada por Varney, el vampiro. No fue hasta la mafana siguiente que el senor Chillingworth, quien habia pasado por su casa entre tanto, llev6 noticias de lo ocurrido: que seguia habiendo gran conmocion en la ciudad y que las autoridades civiles, al verse demasiado débiles para enfrentarse a la voluntad popular, habian pedido refuerzos a una ciudad guarnecida situada a unas veinte millas. Estas noticias entristecieron mucho a la familia Bannerworth. No porque hubieran tenido participacion alguna —salvo como victimas— en la agitaciOn causada por el vampiro, sino porque prometian una notoriedad de la que bien podian retraerse, y que eran justamente el tipo de personas que la mirarian con desagrado. CONniluCEOOOlKS.€O _~