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Penny Dreadfuls, 1875 · page 344 of 400

Varney El Vampiro — page 344: what you’re looking at

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Varney El Vampiro — page 344: Penny Dreadfuls, 1875

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asunto que requiera investigaciOn sera afrontado plena y justamente; y que se haran los mayores esfuerzos para devolver la paz y la tranquilidad a todos vosotros. —jEs por culpa del vampiro! —grit6 uno—. Senor Leigh, jqué le pareceria tener un vampiro en el pulpito? —jSilencio, silencio! {Es posible que sepais tan poco de las obras de ese Gran Ser al que todos pretendéis adorar, como para creer que crearia una clase de criaturas con la naturaleza que atribuis a esa palabra terrible’? Oh, os ruego que os desprendais de esas supersticiones: son una deshonra para vosotros y una aflicciOn para mi. El clérigo tuvo la satisfaccion de ver cOmo la multitud disminuia rapidamente ante las verjas, y creyO que sus exhortaciones estaban logrando el efecto deseado. No fue sino hasta escuchar un fuerte grito a sus espaldas y, al volverse precipitadamente, ver que el cementerio habia sido escalado por otro lado por unas cincuenta 0 sesenta personas, que sintid que el animo se le hundia y comprendio que lo que habia temido estaba, sin duda, a punto de suceder. Incluso entonces podria haber hecho algo para intentar una solucion pacifica si no hubiera sido por la intervencion de Waggles, el sacristan, que echo todo a perder. CAPITULO XLV LAS TUMBAS ABIERTAS. LOS CADAVERES. UNA ESCENA DE TERROR. Habiamos dicho que Waggles lo arruino todo, y asi fue, porque antes de que el senor Leigh pudiera pronunciar una palabra mas, 0 avanzar unos pasos hacia los alborotadores, Waggles cargo contra ellos con el baston en la mano, y pronto se desato un disturbio de lo mas formidable. Parecia haberse apoderado de él una especie de desesperacion y, desde luego, con aquel ataque tan subito e inesperado logr6 verdaderas proezas. Sin embargo, cuando una docena de hombres se aferraron al bast6n y se lo arrancaron, lo derribaron, y media docena pasaron rodando por encima, Waggles ya no era ni la mitad del hombre que habia sido; y bien habria preferido quedarse tendido donde estaba.. Le habria bastado con quedarse quieto donde estaba, y se habria dado por satisfecho; pero no se lo permitieron, porque dos o tres, que habian comprobado lo contundente que podia ser un bast6n parroquial como arma de guerra, lo levantaron del suelo y lo volcaron por encima del muro sin preocuparse demasiado de si caia en un lugar duro o blando del otro lado. Cumplido ese gesto, dejaron de prestar atencion al sefor Leigh, quien, al ver que sus exhortaciones no surtian efecto alguno, regres6 a la iglesia con expresion de profunda aflicciOn y se encerro en la sacristia. La multitud se adueno por completo —sin siquiera el tenue control que antes ejercia la palabra del pastor— del cementerio, y pronto, en un grupo compacto, aquellos desesperados y exaltados se congregaron en torno al lugar bien conocido donde reposaban los restos mortales de Miles, el carnicero. CONniluCEOOOlKS.€O