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Penny Dreadfuls, 1875 · page 342 of 400

Varney El Vampiro — page 342: what you’re looking at

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Varney El Vampiro — page 342: Penny Dreadfuls, 1875

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adoptando unicamente una forma mas grosera y mezquina, acorde a sus habitos de pensamiento. Los materiales primitivos de los que se forman los mas altos y nobles sentimientos en las mentes cultivadas se encuentran también entre los mas ruines y bajos; y asi, esa curiosidad vulgar que, combinada con otros impulsos, Ilev6 a una turba ignorante e iletrada a exhumar a Miles, el otrora gordo carnicero, es la misma que tent6 al filos6fico Hamlet a moralizar frente al craneo de Yorick, aunque bajo una forma distinta. Y era asombroso ver cOmo, cuando aquella gente tomo la decision de llevar a cabo la singularmente interesante —y, al mismo tiempo, terrible— propuesta, se atribuyeron una gran virtud por hacerlo. Se repetian entre si la absoluta necesidad, por el bien publico, de realizarlo; y luego, entre gritos y clamores sobre el vampiro, avanzaron en masa hacia el cementerio del pueblo, donde habian sido depositados, con la esperanza de reposar en paz, los huesos de sus antepasados. A la multitud parecia haberse apoderado ahora una especie de ferocidad salvaje, y al decidirse a hacer algo tan marcadamente contrario a todas sus ideas preconcebidas de lo que estaba bien o mal, parecian sentir que era necesario —para ser consecuentes— despojarse de muchas de las decencias de la vida y volverse alborotadores y temerarios. Mientras se dirigian al cementerio, se entretuvieron rompiendo las ventanas de los recaudadores de impuestos y causando todo destrozo pasajero que pudieran en las casas de quienes ocupaban algun cargo oficial o de autoridad. Aquello era una especie de declaraci6n de guerra contra quienes consideraran su deber interferir con las acciones ilegales de una multitud ignorante. Un par de tabernas que encontraron en el camino fueron saqueadas de parte de su contenido embriagante, de modo que, entre la locura de la intoxicacion y la excitaciOn general que producia la naturaleza misma del asunto que los Ilevaba al cementerio, no podia imaginarse muchedumbre mas salvaje y enfurecida que la que se detuvo ante las dos verjas de hierro que conducian al santuario de la iglesia. Quienes jamas hayan visto a una turba situada de tal modo que ha arrojado todo freno moral al mismo tiempo que comprueba que no existe ninguna fuerza fisica capaz de contenerla, no pueden formarse idea alguna de la masa de pasiones terribles que duermen bajo pechos que, en circunstancias normales, parecen inofensivos, pero que ahora se desbocan y superan todo principio de contencion. Es un hecho triste, pero un hecho al fin, a pesar de su tristeza, que incluso en un pais civilizado como este, con una poblacion generalmente instruida, solo una fuerza fisica bien organizada impide que cientos y miles de personas cometan los delitos mas atroces. Hemos dicho que la multitud se detuvo ante las verjas de hierro del cementerio, pero fue mas una pausa de sorpresa que de duda, porque vieron que aquellas verjas estaban cerradas, cosa que no ocurria desde la memoria de los mas ancianos. Cuando se construy6 la iglesia y se cerco el cementerio, un generoso benefactor dono dos pares de verjas macizas; pero, con el paso del tiempo, quedaron colgando ociosamente de sus bisagras: ornamentos, sin duda, pero inutiles, mientras un par de torniquetes —puestos para impedir que el ganado se colara en el recinto sagrado— cumplian su funcion y establecian sin esfuerzo el paso regular que la costumbre habia dictado como necesario a través del lugar de sepultura. Pero ahora esas verjas estaban cerradas y, por una vez, servian para algo. Solo el cielo sabe como habian conseguido moverse en sus bisagras corroidas y gastadas por el tiempo. La multitud, sin embargo, quedo contenida por un instante, lo que dejaba claro que las CONniluCEOOOlKS.€O