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Penny Dreadfuls, 1875 · page 341 of 400

Varney El Vampiro — page 341: what you’re looking at

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Varney El Vampiro — page 341: Penny Dreadfuls, 1875

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Estas historias volaron de boca en boca, y todos las escuchaban con un interés tan avido que a nadie le pareciO necesario cuestionar sus inconsistencias ni expresar dudas acerca de su veracidad, pese a que no habian sido mencionadas antes. El unico individuo—-y era un hombre notablemente inteligente—que hizo un comentario minimamente practico sobre el asunto, lanz6 una sugerencia que empeord aun mas la confusion. Sabia algo de vampiros. Habia viajado al extranjero, y habia oido hablar de ellos tanto en Alemania como en Oriente, y ante un grupo de oyentes asombrados y horrorizados, dijo: —Pueden estar seguros, amigos mios, de que esto lleva ocurriendo algun tiempo; ha habido varias muertes misteriosas y repentinas ultimamente en el pueblo; personas que se han consumido y muerto sin que nadie supiera cOmo ni por qué. —Si, si —respondieron todos. —Ahi tienen a Miles, el carnicero; saben lo gordo que era... y luego lo gordo que dejo de ser. Hubo un asentimiento general ante la afirmacion; y luego, levantando un brazo con gesto oratorio, el hombre inteligente continuo: —No tengo ninguna duda de que Miles, el carnicero, y todos los demas que han muerto repentinamente ultimamente, han sido victimas del vampiro; y lo que es mas, todos ellos seran vampiros, y vendran a chupar la sangre de otras personas, hasta que al final todo el pueblo sea un pueblo de vampiros. — {Pero qué se puede hacer? —grit6 uno, que temblaba tanto por el miedo que apenas podia mantenerse en pie. —Solo hay un plan: hay que encontrar a sir Francis Varney y sacarlo del mundo de un modo que le impida volver a él; y todos aquellos que estan muertos y sobre los que tengamos alguna sospecha deben ser desenterrados y revisados para ver si estan pudriéndose o no. Si lo estan, todo en orden; pero si parecen frescos, casi como de costumbre, pueden estar seguros de que son vampiros, sin lugar a duda. Aquella era una sugerencia terrible para lanzar en medio de una multitud. Capturar a sir Francis Varney y sacrificarlo en el altar de la furia popular no era algo ante lo que retrocedieran; pero la profanacion de las tumbas de quienes habian conocido en vida era un asunto que, por mas que tuviera su ldgica, dejaba incluso a los mas osados paralizados y con escrupulos. Sin embargo, hay muchas ideas que, como el primer zambullido en un bano frio, resultan incOmodas al inicio, pero que, con el tiempo, se vuelven tan familiares que pierden sus aspectos desagradables y parecen del todo naturales y aceptables. Asi fue como surgi0 esa idea de desenterrar los cadaveres de aquellos vecinos que habian muerto recientemente a causa de lo que se llamaba una “decadencia de la naturaleza” y otros fallos de vitalidad que no llevaban el nombre tangible de ninguna enfermedad conocida. De boca en boca, aquella terrible sugerencia se propag6 como un reguero de polvora, hasta que, por fin, tomo tal forma que casi pareci6 convertirse en un deber —al menos, en un deber ciudadano— sacar a Miles, el carnicero, y ver cOmo se veia. En la naturaleza humana existe, ademas, una curiosidad innata por todo lo relacionado con los muertos. No hay hombre instruido, de cierta cultura o intelecto, que no recorreria muchas millas para presenciar la exhumacion de los restos de alguien que fue famoso en su tiempo: ya fuera por sus vicios, sus virtudes, sus conocimientos, su talento o su heroismo. Y si ese sentimiento reside en las mentes educadas y refinadas de un modo sublimado, que le otorga dignidad y cierta gracia, podemos buscarlo entre los vulgares e ignorantes CONniluCEOOOlKS.€O