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Penny Dreadfuls, 1875 · page 334 of 400

Varney El Vampiro — page 334: what you’re looking at

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Varney El Vampiro — page 334: Penny Dreadfuls, 1875

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

Hacia el mediodia vio regresar al grupo doméstico: el grupo, que ahora consistia en sus dos hermanos, el almirante, Jack Pringle y el sefor Chillingworth. En cuanto al sefor Marchdale, les habia dado un cortés adios en los limites de los terrenos de Bannerworth Hall, declarando que, aunque habia sentido que era su deber presentarse y secundar a Henry Bannerworth en el duelo con el vampiro, tal circunstancia no borraba de su memoria los insultos recibidos por parte del almirante Bell, por lo que se nego a ir a Bannerworth Hall y les dese6 muy buenos dias. A todo esto, el almirante Bell respondi6 que podia irse al diablo si le apetecia, que lo consideraba un inutil y un farsante, y pregunto a Jack Pringle si él, Jack, habia visto alguna vez un santurron tan pretencioso en su vida. —Ay, ay —respondio Jack. Esa respuesta, por supuesto, produjo la disputa habitual, que continuo hasta que entraron por fin en la casa, donde se lanzaron tales improperios que a cualquiera se le habria puesto el pelo de punta, hasta que Henry y el sefor Chillingworth intervinieron y les rogaron encarecidamente que pospusieran la discusiOn para una ocasiOn mas apropiada. Entonces relataron a Flora todas las circunstancias; quien, si bien culp6 mucho a su hermano por haberse batido en duelo con el vampiro, vio en la conducta de ese misterioso individuo, durante el encuentro, una razOn mas para creer que era plenamente sincero en su deseo de librarla de las consecuencias de sus futuras visitas. Su deseo de abandonar Bannerworth Hall se volvid, por consiguiente, cada vez mas intenso; y como el almirante se consideraba realmente ahora dueno de la casa, no ofrecieron la menor oposici6n al asunto y solo diyeron: —QQuerida Flora, ahora el almirante Bell decidira todo esto. Sabemos que es nuestro sincero amigo, y que lo que él diga que debemos hacer estara dictado por los mejores sentimientos hacia nosotros. —Entonces, me dirijo a usted, senor —dijo Flora, volviéndose al almirante. —Muy bien —respondio el anciano—-; entonces yo digo... —No, almirante —interrumpi0 el sefor Chillingworth—; me prometio, hace apenas un rato, que no tomaria decision alguna sobre este asunto hasta haber oido algunos detalles que tengo que comunicarle y que, en mi humilde opinion, influiran en su juicio. —Y asi lo hice —exclam6o el almirante—, pero lo habia olvidado por completo. Flora, querida, estaré contigo en una hora o dos. Mi amigo, el doctor, se ha agarrado una cerda por la oreja y cree que es la adecuada; sin embargo, escucharé lo que tiene que decir antes de llegar a una conclusion. Asi que vamos, sehor Chillingworth, aclaremos esto de inmediato. —Flora —dijo Henry cuando el almirante salid de la habitaci6n—, veo que deseas dejar el Hall. —Si, hermano; pero no irme lejos... Deseo mas bien esconderme de Varney que volverme inaccesible por la distancia. —({Sigues aferrada a este vecindario”? —Si, si; y sabes con qué esperanza me aferro a él. —Perfectamente; atin piensas que Charles Holland podria unirse a ti. —Si, si. — {Crees en su fidelidad? —Oh, si; como creo en la misericordia del Cielo. —yY yo, Flora; no lo dudaria ahora por nada del mundo. Algo, incluso ahora, parece susurrarme que un sol mas brillante de felicidad volvera a amanecernos, y que, cuando se CONniluCEOOOlKS.€O