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Penny Dreadfuls, 1875 · page 332 of 400

Varney El Vampiro — page 332: what you’re looking at

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Varney El Vampiro — page 332: Penny Dreadfuls, 1875

A restored page from Penny Dreadfuls, 1875. Page through the whole issue in the reader above.

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Machine-transcribed from the original scan — historical spelling and the odd misread are preserved.

El prisionero —el mismo del que hablamos antes— esta alli. La desesperacion se dibuja en su semblante, y sus sienes siguen envueltas en esos panos que, al parecer desde hace muchos dias, han estado empapados en sangre, la cual se ha endurecido entre los pliegues. Aun vive, aunque parece incapaz de moverse. Como ha logrado vivir tanto tiempo es un misterio, pues cualquiera diria que apenas se halla en condiciones —-aunque le pusieran alimento en los labios— de tragarlo. Puede que la mente tenga tanto que ver con esa aparente y absoluta postracion de toda energia fisica como las heridas corporales que ha recibido a manos de los enemigos que lo han reducido a esta situacion dolorosa y desesperada. A veces un gemido bajo escapa de sus labios; parece nacer del fondo mismo de su corazon, y suena como si fuera a arrancar con él todo vestigio de vitalidad que aun pudiera quedarle. Luego se agita con inquietud y repite, con acentos apresurados, los nombres de algunos seres queridos que estan lejos... algunos que quiza lo lloran, pero que no saben — ni pueden imaginar— nada de sus sufrimientos actuales. Al moverse asi, el leve sonido de una cadena sobre la paja en que yace delata que, incluso en ese calabozo, no se ha considerado prudente dejarlo duenio de sus propios actos, no fuera cosa que, con un esfuerzo demasiado vigoroso, pudiera escapar del yugo en que lo mantienen. El sonido llega a sus propios oidos y, durante unos instantes, en la profunda impaciencia de su espiritu herido, derrama maldiciones sobre quienes lo han reducido a este estado. Pero pronto parece caer sobre él una naturaleza mas noble, y de sus labios brotan palabras mas suaves. Se exhorta a si mismo a la paciencia; no habla de venganza, sino de justicia, y con acentos mas esperanzados que antes, invoca al Cielo para que lo socorra en su profunda angustia. Después todo queda en silencio, y el prisionero parece haberse resignado otra vez a la calma de la espera o de la desesperacion; pero jescuchemos! Su oido —doblemente agudo tras haber permanecido tanto tiempo solo, casi en tinieblas y en un silencio absoluto— percibe sonidos que, para los sentidos de un mortal comun, habrian sido demasiado tenues para producir efecto alguno perceptible. Es el sonido de unos pasos... vienen, vienen sin detenerse; muy por encima de su cabeza los oye; golpean la tierra verde —esa dulce y herbosa capa que quiza no vuelva a ver jamas— con un paso impaciente. Mas cerca, y todavia mas cerca; y ahora se detienen. Escucha con toda la intensidad de quien escucha por su propia existencia; alguien se acerca; hay un ruido torpe —un paso apresurado—; oye a alguien jadeando, respirando con dificultad, como una liebre acosada. Su puerta se abre, y entra tambaleandose un hombre, alto y enjuto; se bambolea como un ebrio; el cansancio ha hecho mas que el trabajo de la embriaguez; no puede sostenerse y cae, exhausto, junto a aquel prisionero solitario. El cautivo se incorpora cuanto le permiten sus cadenas; aferra la garganta de su debilitado visitante. —jVillano, monstruo, vampiro! —grita—. Te tengo ahora... Y, trabados en un abrazo mortal, ruedan por la himeda tierra, luchando por la vida ambos a la vez. Oo OR CO ‘te teh tes Es mediodia en Bannerworth Hall, y Flora mira con ansiedad desde la ventana, esperando la llegada de sus hermanos. Desde una de las ventanas mas altas del Hall habia visto que CONniluCEOOOlKS.€O _~