Penny Dreadfuls, 1875 · page 323 of 400
Varney El Vampiro — page 323: what you’re looking at
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limitaron a observar, entre el asombro y el espanto, convencidos de que no lo encontrarian y entregados a conjeturas sobre el resultado de un proceder tan violento e inesperado. El senor Chillingworth esperaba que al menos se hubiera ganado tiempo, y que alguna noticia de lo que ocurria llegara al desdichado objeto de la animadversi6n popular lo suficientemente pronto como para que pudiera ponerse a salvo. Sabia que estaba faltando a su compromiso de estar presente en el duelo entre Henry Bannerworth y sir Francis Varney y, al recordarlo, temi6 que sus servicios profesionales pudieran ser necesarios de uno u otro lado; pues sabia —o creia saber— que un odio mutuo impulsaba el encuentro, y pensaba que, si alguna vez hubo un duelo con probabilidades de terminar en desastre, era aquel. Pero {cOmo podia marcharse, rodeado y vigilado como estaba por una multitud enfurecida? {Como podia esperar que no seguirian sus pasos o que el menor intento de advertir a sir Francis Varney no provocaria justamente el peligro que queria evitarle? En tal estado de incertidumbre permanecio nuestro médico, presa de las reflexiones mas amargas y de los temores mas graves, sin tener el mas minimo poder para alterar por si mismo tan desastrosa cadena de circunstancias. Insatisfecha con su falta de éxito, la multitud registr6 dos veces la casa de sir Francis Varney, desde el atico hasta el sotano; y solo entonces, y no antes, comenzo de mala gana a creer que los sirvientes debian de haber dicho la verdad. —Esta en el pueblo —grit6 uno—. Volvamos al pueblo. Es extrafo cuan repentinamente cualquier multitud obedece cualquier impulso, y esta suposiciOn completamente infundada bast6 para hacer que todos cambiaran de rumbo. Ya habian avanzado, en una columna desordenada, la mitad del camino hacia la ciudad cuando se encontraron con un muchacho cuyo oficio consistia en pastorear ovejas muy temprano por la manana, y que les informo enseguida que habia visto a sir Francis Varney en el bosque, a medio camino entre Bannerworth Hall y su propia casa. Este hecho cambi6 de inmediato todo el rumbo y, con renovados clamores, arrastrando al senor Chillingworth con ellos, avanzaron ahora rapidamente hacia aquel lugar, donde, probablemente, si hubieran llegado un poco antes, habrian visto al objeto de su sospecha y de su odio. Pero, como ya hemos contado, la multitud que avanzaba fue vista por las partes en el terreno, donde dificilmente podria decirse que el duelo se habia Ilevado a cabo; y entonces sir Francis Varney se lanz6 al bosque, que tan oportunamente se encontraba alli para ofrecerle refugio de sus enemigos y cuyas intrincadas sendas —tan bien conocidas para él, sin duda— le daban todas las posibilidades de eludir su persecucion. El asunto fue una gran sorpresa para Henry y sus amigos cuando vieron avanzar aquella hilera de gente, con tantos gritos e imprecaciones; no podian imaginar, por mas que lo intentaran, qué podia haber provocado semejante movilizacion entre unos habitantes que, por lo general, eran industriosos y tranquilos, mas bien conocidos por la quietud y estabilidad de su poblacion que por explosiones violentas de sentimiento popular. —{ Qué estara haciendo el senor Chillingworth —dijo Henry— para traer aqui a semejante muchedumbre? {Ha perdido el juicio? —No —respondi6 Marchdale—; miralo bien: parece intentar contenerlos, aunque sin éxito, porque no se dejan detener. —jDiablos! —exclam6o el almirante—. Aqui viene una banda de piratas; vamos a ser abordados y capturados antes de darnos cuenta, Jack. —Ay, ay, senor —dio Jack. CONniluCEOOOlKS.€O _~